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Crítica de “Better Man: La historia de Robbie Williams”: Una catarsis hecha biopic
Interpretado por el propio Robbie Williams, Better Man: La historia de Robbie Williams (2024) nos invita a recorrer los altibajos de su vida. Conocemos su historia desde la niñez, pasando por su ascenso a la fama, su estrepitoso descenso y su notable regreso al mundo del espectáculo.
Las biopics de cantantes famosos suelen ser bastante comerciales, frívolas y generalmente intentan rendir homenaje a figuras ya fallecidas con un legado ampliamente reconocido. Sin embargo, Better Man: La historia de Robbie Williams rompe con estos patrones establecidos por películas como Bohemian Rhapsody (2018) y crea una pieza peculiar y única en su género, que se asemeja más a un autorretrato que a un autohomenaje. Partiendo de la base de un concepto astuto, el filme personifica a su protagonista como un mono, simbolizando su lucha por conservar su humanidad frente a la fama. Esta idea surgió del propio Williams, quien se describe a sí mismo como un “mono de feria” debido a las dificultades que enfrentó dentro de la industria musical.
Además, el propio Robbie Williams actúa como narrador de la historia, brindando su perspectiva actual sobre los eventos que se muestran, lo que permite una reflexión y catarsis hacia el público sobre los peligros de la fama y los traumas de su infancia, lo que incluso lo lleva a tener una confrontación consigo mismo para poder superarlos. En los momentos más reflexivos o cuando se abordan los traumas del cantante, el guion emplea recursos oníricos, surrealistas y poéticos, que se destacan entre la literalidad del relato, reflejando la excentricidad del artista y, en ocasiones, asemejándose a un thriller psicológico.
Mientras que la primera mitad del filme se enfoca en establecer los conceptos clave y mostrar el ascenso de la carrera del cantante, la segunda mitad se torna más cruda, desgarradora y emocional, con el protagonista enfrentando sus traumas y fantasmas de una manera más intensa y devastadora, culminando en una crítica feroz hacia la industria musical, donde se desenmascara la dura realidad, sin ningún tipo de romantización ni idealización.
Michael Gracey, quien previamente dirigió el musical El gran Showman (The Greatest Showman, 2017), utiliza estos recursos para crear las secuencias musicales que componen el filme. Estas secuencias son uno de los puntos más enérgicos de la película, pues gracias a sus brillantes coreografías y puesta en escena, logran transmitir por sí solas los sentimientos y profundos cambios en la vida del protagonista. La secuencia de la canción Rock DJ es una de las más impresionantes, pues narra el ascenso de la carrera musical de Williams.
Better Man: La historia de Robbie Williams es una película maravillosa y completamente personal en la que el cantante logra hacer catarsis sobre sus traumas, tanto familiares como relacionados con la industria musical, de una manera impresionante, manteniendo un equilibrio notable entre su vida personal y profesional. Michael Gracey utiliza todos los recursos a su disposición para mostrar la crudeza de la vida de este artista, con una estética visual atractiva y un montaje cautivador, pero con un trasfondo profundamente devastador.