2025-05-30

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Crítica de "Bono: Stories of Surrender": Cuando el ego pide la palabra

Hay algo perturbadoramente coherente en que Bono, líder de una de las bandas más populares del planeta, haya decidido convertir sus memorias en un monólogo teatral. Más aún, que el registro audiovisual de ese show no sea un documental sobre U2 sino una película sobre Bono interpretándose a sí mismo. Bono: Stories of Surrender (2025), dirigida por Andrew Dominik, no es tanto una exploración de la figura pública como una confirmación de su autoimagen como iluminado, humanista y estrella global. Y, desde esa coherencia, también emerge el principal problema del film: su incapacidad para despegarse del yo.

Basado en su libro autobiográfico Surrender: 40 Songs, One Story, el documental registra una serie de funciones del espectáculo unipersonal Stories of Surrender: An Evening of Words, Music and Some Mischief…, realizadas en el Beacon Theatre de Nueva York en 2022. Allí, Bono combinó relatos y escenografía minimalista para dar forma a una versión escénica de sus memorias, hilvanadas a través de las canciones de U2 que funcionan como columna vertebral de su biografía artística y personal.

La puesta en escena de Bono: Stories of Surrender, con sus luces dramáticas, blancos quemados y contraluces de misa rockera, oscila entre el testimonio íntimo y el espectáculo de autocelebración. Mientras repasa pasajes de su infancia, sus vínculos familiares o los inicios de U2, Bono intercala reflexiones con versiones acústicas de clásicos como “With or Without You” o “Sunday Bloody Sunday”. Sin embargo, la voz que guía el relato no invita a la empatía: impone. Con tono grave, pausas estudiadas y anécdotas moldeadas a imagen y semejanza del mito, cada palabra parece un ejercicio de un decorado emocional antes que una revelación genuina.

El director de los documentales This Much I Know to Be True (2022) y One More Time with Feeling (2016) intenta replicar aquí la alquimia que logró junto a Nick Cave: la confesión como rito artístico. Pero donde Cave se entregaba a la fragilidad y la pérdida, Bono prefiere blindarse en la retórica del “yo fui, yo hice, yo sentí”. El documental nunca abandona el formato de teatro filmado, y la cámara rara vez abandona al protagonista, sumiendo al público en la oscuridad literal. El fan —invisible— es aquí un espectador pasivo, un feligrés del relato canónico.

El documental, como su protagonista, peca de exceso. Exceso de épica, de control, de gravedad impostada. Lo que Bono: Stories of Surrender exhibe, en definitiva, no es una historia sino una liturgia del ego. Una puesta en escena donde el yo se multiplica, se dramatiza, se canoniza. No hay tensión, no hay contradicción, no hay humor. Dominik no se arriesga a incomodar ni a profundizar, solo se limita a enaltecer su figura. Y en ese gesto, Bono deja de ser el artista que supo cantarle al dolor de Irlanda o al drama de América Latina, para convertirse en el protagonista de su propio altar.

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