Festival de Cannes - Una cierta mirada
Crítica de "Un poeta": Simón Mesa Soto y el poeta más feo del mundo
Primera impresión de suciedad: el encuadre, con ese polvo acumulado característico de las lentes de 16mm que no se han limpiado convenientemente. Pero aquí el marco parece una metáfora del protagonista de la película, Óscar Restrepo, sucio, desaliñado y feo, un orgulloso poeta que publicó en su juventud un par de poemarios y que está dispuesto a defender a José Asunción Silva antes que a un Gabriel García Márquez “hambriento de fama”. Un poeta (2025), la película de Simón Mesa Soto, se mueve entre estos círculos de poetas y escritores marginales que algún día serán reconocidos en todos los cenáculos (o no).
Por lo pronto, en la vida de Óscar tiene más importancia García Márquez que cualquier otro escritor. Al fin y al cabo su rostro está en todos los billetes de 5.000 pesos y si hay algo que necesita nuestro protagonista es dinero. Su hija, que vive con su madre, va a entrar en la universidad y él ha prometido pagársela. Así que su hermana le consigue un puesto de profesor en un instituto, por más que él insista en que es ¡un poeta! y no un profesor. Será en el instituto donde descubra a Yurlady, una niña de 15 años con mucho talento para la poesía. En ella querrá Óscar volcar todas sus ambiciones y superar sus frustraciones, por más que su apuesta no consiga otra cosa que complicarle la vida.
La suciedad es marca de la casa en Un poeta. La suciedad en el encuadre, en los rostros, en la forma en la que filma Mesa Soto. Su película debe de ser de las pocas (o la única) de todo Cannes 2025 que no ha pasado por un proceso de lavado y relavado, esa postproducción que viste las películas como si se tratasen de productos fabricados en cadena y confeccionados por el mismo patrón. Nada de eso hay en Un poeta, película que no responde a ninguna fórmula, ni siquiera a la característica pornomiseria que tanto aprecian los festivales europeos.
Y sin embargo, en los personajes de Un poeta hay mucha miseria, lo dice Yurlady en uno de sus poemas, el que lee en los premios de la asociación Poesía Viva en donde la ha introducido su mentor: “Una querría ser menos negra y menos pobre”. Pero esa miseria, los problemas económicos que arrastran todos los personajes, es solo el sustrato de una sociedad. Una miseria que no le impide a Mesa Soto construir una exultante sátira sobre la poesía y el hambre que se mueve entre el realismo (sucio) y el absurdo. También la película más libre de este Cannes.