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Crítica de "Mala influencia": La película teen más mala del año ya está entre nosotros
Hay películas que parecen nacidas para alimentar el scroll infinito, diseñadas no para ser buenas, sino para ser vistas —o al menos, clickeadas. Mala influencia (2025), dirigida por Chloé Wallace, es exactamente eso: un experimento de laboratorio estético y narrativo pensado para satisfacer la fantasía de un público adolescente entrenado en TikTok, pero incapaz de sobrevivir al más mínimo análisis crítico. Y aún así, ahí está: 100 minutos de diálogos acartonados, tensión sexual forzada y un guion que no se decide entre el thriller escolar y el fanfic mal resuelto.
Basada en una novela surgida de Wattpad —ese universo donde toda historia comienza con una chica rica y un muchacho oscuro con pasado dudoso—, Mala influencia presenta a Reese Russell, heredera millonaria que estudia en un colegio de elite mientras le llueven amenazas misteriosas. ¿Solución? Su padre contrata a Eros Douglas, ex convicto y viejo “protegido” suyo, para que se convierta en su guardaespaldas. Si todo esto suena delirante, es porque lo es.
La química entre Reese y Eros, nos dicen, es “irresistible”. Pero lo que realmente es irresistible es la tentación de reírse de algunas escenas que parecen parodias involuntarias de sí mismas. ¿Cómo puede haber tensión si los actores parecen recién salidos de una publicidad de colonia barata? Es como ver dos maniquíes interactuando con un guion escrito por IA en modo hormonal.
El elenco es una colección de estereotipos andantes. Alberto Olmo hace lo que puede con un personaje que parece sacado de un calendario de gimnasio, mientras que Eléa Rochera repite todos los gestos que aprendió en su curso intensivo de “mirada intensa y respiración agitada”. Nadie parece creer lo que está actuando, y eso se nota.
Y por si fuera poco, el guion se esfuerza en colar todos los temas de agenda posibles: bullying, abuso, clases sociales, acoso escolar y hasta trauma infantil. Pero todo sin el más mínimo desarrollo, solo para hacer check en la lista de corrección política. El resultado: escenas que no llevan a ningún lado, diálogos que parecen frases de Instagram y un romance tan antinatural que hasta un algoritmo pediría cortar.
¿Quién decidió que esto era cine? ¿Quién vio este guion y dijo “sí, esto es lo que necesita el público”? A veces, lo único que da miedo no es el supuesto suspenso, sino el hecho de que alguien haya invertido millones en esta producción.
Hay películas tan malas que terminan siendo divertidas. Esta ni eso. Mala influencia es una cadena de despropósitos, que solo puede ser disfrutada como experiencia masoquista o estudio antropológico de las narrativas generadas por y para el algoritmo. Ni los fans más fieles de Wattpad deberían perdonarla.