Industria cultural vs. motosierra oficial
"El Eternauta" genera más de 41 mil millones de pesos y desmiente el ajuste a la cultura
En un país donde el Ministerio de Cultura apenas sobrevive a los embates de una gestión que promueve la motosierra como modelo económico, la serie El Eternauta (2025) se impone como una paradoja brutal: más de 41 mil millones de pesos inyectados a la economía nacional desde una producción cultural. En tiempos en que el gobierno niega el valor estratégico de la industria audiovisual y dinamita estructuras históricas como el INCAA, la serie basada en la obra de Héctor G. Oesterheld prueba que la ficción no solo genera sentido: también genera trabajo, innovación y riqueza.
La cifra, confirmada por un estudio de Empiria Consultores junto a Netflix, mide el impacto total en el Producto Interno Bruto argentino, incluyendo gasto directo, empleo técnico y activación de cadenas de valor. Una obra que narra la resistencia ante una invasión extranjera y la organización popular para sobrevivir, hoy resuena como espejo incómodo de un presente que parece empeñado en apagar toda forma de expresión comunitaria.
Creada y dirigida por Bruno Stagnaro, la primera temporada de El Eternauta es la producción más ambiciosa del audiovisual argentino en décadas: más de 2900 personas involucradas, 148 jornadas de rodaje, 50 locaciones, 35 escenarios virtuales, 500 máscaras y más de un año de postproducción que reconstruyó digitalmente a Buenos Aires como escenario apocalíptico. Lejos de ser un “gasto”, como insiste el discurso oficial, cada uno de estos elementos implicó inversión, generación de empleo y profesionalización del sector.
El resultado también se mide en pantallas: desde su estreno el pasado 30 de abril, la serie alcanzó el puesto #1 global en Netflix entre las producciones de habla no inglesa y el #2 entre las series en general, con 10.8 millones de visualizaciones y presencia en 87 países. La historia de Juan Salvo no solo conmueve al mundo: lo hace desde un equipo argentino que imagina futuro en el mismo momento en que se le niegan los recursos para existir.
El contraste no puede ser más explícito: mientras la gestión libertaria reduce la cultura a un bien prescindible y liquida estructuras de fomento, una sola producción cultural genera miles de empleos, exporta contenidos y posiciona al país como potencia creativa. En vez de recortar, ¿no sería más sensato potenciar este tipo de desarrollos?
Desde la cultura, se construye economía. Desde la ficción, se activa innovación. Desde la memoria de Oesterheld –desaparecido por la dictadura y símbolo de resistencia–, se escribe un presente en el que la cultura sigue siendo campo de batalla.
La confirmación de la segunda temporada es más que una buena noticia para los fanáticos. Es una señal de que, a pesar de la asfixia presupuestaria, la industria cultural argentina sigue viva. Y resiste. Como el propio Eternauta.