Gaumont
Crítica de "El arranque": Un drama a la vera del camino de Federico Jacobi
El Arranque (2025) se presenta como un drama intimista que explora las complejidades de las relaciones personales ancladas en el peso del pasado. Con una estética que oscila entre lo urbano y lo agreste, la película nos introduce en la vida de tres personajes cuyas existencias y la expresión de su entorno geográfico se entrelazan de manera orgánica. Jacobi construye un relato de estilo personal, casi un retrato, donde la dinámica entre Sandro (Fabio Herrera), Hugo (Miguel Ferrería) y Joselo (Gabriel Lenin) y sus conversaciones son el motor de la narración.
Estos tres hombres habitan una estación de servicio en desuso, un paraje solitario al margen del pueblo. Atrapados por la falta de oportunidades y la necesidad de subsistir, se ven impulsados a planificar un cambio en sus vidas. Sin embargo, cada uno arrastra consigo un bagaje de experiencias previas que los ha llevado a este presente incierto. A través de sus interacciones y confidencias, el espectador comienza a vislumbrar sus posibles destinos futuros, insinuando un giro en su suerte.
Resulta particularmente interesante cómo la identidad del relato se edifica sobre la singularidad de cada personaje, manifestada en su forma de hablar y de expresarse. La interacción entre ellos vertebra el estilo visual de la película, que se centra en la intensidad de sus rostros, sus expresiones y sus miradas, reflejando los matices de cada situación a través del diálogo. De esta manera, la acción se desarrolla principalmente a través de sus conversaciones y de la elaboración de planes futuros nacidos de sus carencias.
La película mantiene una tensión constante hacia ese cambio de suerte que los personajes anhelan y organizan. Los intercambios verbales entre ellos se convierten en el eje central de la historia, marcando su ritmo y su carga emocional.
Un elemento distintivo y atractivo del film es su atmósfera casi teatral. La acción se define por el movimiento y las voces de los protagonistas. El espacio de la estación de servicio y los objetos que lo pueblan no son meros decorados, sino elementos que estructuran la trama y complementan su mundo cotidiano. De esta forma, se evoca el ambiente local del pueblo, sus costumbres y tradiciones. El entorno que habitan los personajes y los escenarios de cada situación se vuelven cruciales para sus acciones y para transmitir la esencia de un espacio geográfico particular.
El Arranque se revela como un relato emotivo y personal, con un ritmo determinado por la expresividad de sus tres personajes, quienes, a través de sus voces y acciones, no solo impulsan la trama, sino que también sostienen el drama inherente a sus historias.