2025-04-03

BAFICI - Competencia Argentina

Crítica de "Lo deseado": El cine de Darío Mascambroni como umbral hacia lo posible

Hay películas que no se miran: se habitan, como si uno respirara su misma atmósfera suspendida. Lo deseado (2025), la tercera realización de Darío Mascambroni (Primero enero, Mochila de plomo), es una de ellas. Ubicada en el corazón silente de las sierras de Comechingones, la historia se pliega como una plegaria sin fe, como el susurro de lo que no fue pero aún desea ser.

Un padre (Agustín) que retorna tras la ausencia para reencontrarse con su hija (Emma) en unas cabañas cordobesas: la estructura parece mínima, pero se trata apenas del andamiaje para que la narrativa desborde por sus grietas. Allí, una mujer local, Elda, encarna la melancolía telúrica del lugar. Y un amuleto ancestral —tan cargado de misterio como de peso simbólico— desata la verdadera trama: la del deseo como motor del tiempo, la del cine como umbral hacia lo imposible.

La película no busca resolver, sino sugerir. En un formato 4:3 que encierra pero también protege, Mascambroni filma con una sobriedad quirúrgica. La fotografía embebe cada plano de una belleza austera, donde la naturaleza no es paisaje sino personaje.

Como si el espíritu de Kiarostami dialogara con el de Lucrecia Martel, el director construye un cine de lo insinuado. No hay respuestas, pero sí una inquietud persistente: ¿qué es el deseo si no una forma de conjurar el pasado?

El amuleto, símbolo central, no solo representa lo mágico, sino también el peso de lo que se anhela sin medida. Es artefacto y espejo, promesa y castigo. A su alrededor, los personajes buscan reescribir sus historias, sin advertir que lo deseado puede volverse maldición.

Pedro de Tavira Egurrola, como Agustín, aporta una contención dramática que contrasta con la espontaneidad herida de Liz Correa (Emma), mientras que Eva Bianco entrega una interpretación que transforma el mutismo en potencia narrativa.

Mascambroni ensaya aquí su película más madura. Lo fantástico no es un recurso sino una necesidad: un lenguaje posible para decir lo indecible. El tiempo, el perdón y la paternidad se entretejen como capas geológicas de un terreno emocional que exige ser excavado.

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