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Crítica de "Tiempo de pagar": Felipe Wein y la vida de un cambista en el microcentro porteño
Tiempo de pagar (2024) nos introduce en la vida de Richard, un cambista que navega los riesgos y las oportunidades del microcentro de Buenos Aires. Esta película, dirigida por Felipe Wein y presentada en BAFICI, no es solo la historia de un hombre que toma decisiones cuestionables, sino un análisis de un entorno social en el que la supervivencia se convierte en una forma de vida. El relato se sumerge en el microcosmos de las calles Florida y Lavalle, donde las transacciones informales y el submundo delictivo forman parte del paisaje cotidiano, reflejando una realidad en la que cada decisión puede cambiar el rumbo de una vida.
El microcentro porteño, con su mezcla de belleza arquitectónica y caos bursátil, actúa como un personaje más en la historia de Richard. En estas calles, el cambista se enfrenta a un ciclo continuo de problemas, donde cada elección parece ser una trampa más. La vida en esta zona, marcada por arbolitos, apuestas clandestinas y encuentros con personajes ambiguos, refleja una sociedad acostumbrada a vivir en la incertidumbre. Esta representación, que Wein plasma con maestría, permite al espectador observar de cerca una dinámica social compleja y llena de contrastes.
Richard, el protagonista, es un personaje atrapado en su propia dinámica de decisiones. Su vida no es solo un juego de supervivencia, sino un reflejo de la manera en que muchos enfrentan sus problemas: al evadir uno, se encuentran frente a otro. Este enfoque ofrece una mirada crítica a la resiliencia y adaptabilidad de una sociedad enfrentada a crisis constantes. Wein plantea interrogantes sobre este dilema, invitando a reflexionar sobre el impacto de las decisiones individuales en un contexto de incertidumbre compartida.
La dirección de Wein imprime un ritmo acelerado y sin pausas a la película, manteniendo al espectador inmerso en la experiencia de Richard. Cada escena es una pieza de un rompecabezas que refleja la desesperación y urgencia del protagonista en su odisea personal. Este perspectiva convierte la historia en un viaje inquietante, donde la tensión se mantiene constante, haciendo que el público experimente la misma ansiedad que vive el personaje en su día a día en el microcentro.
Lejos de idealizar o justificar las acciones de Richard, Tiempo de pagar ofrece un retrato crítico de su realidad y de la sociedad argentina en su conjunto. La película no busca respuestas simples, sino que abre un espacio para reflexionar sobre los ciclos que perpetúan los problemas en un contexto de crisis permanente. Wein explora las dinámicas que caracterizan a una sociedad que, a pesar de todo, sigue buscando formas de sobrevivir y de avanzar.