El Picadeo
Crítica de "Imprenteros": Lorena vega y un viaje autobiográfico a la memoria familiar
Imprenteros es un retrato íntimo y personal de los hermanos Vega, quienes crecieron en una imprenta en el conurbano bonaerense, un lugar que fue parte esencial de sus vidas y que ya no les pertenece. Dirigida y protagonizada por Lorena Vega, la obra combina teatro documental con elementos de ficción para recrear momentos del pasado que definen la identidad familiar y, en muchos sentidos, personal.
La imprenta es tanto el escenario como el símbolo de una vida que los hermanos Vega no solo recuerdan, sino que también reconstruyen desde el escenario. Los Vega (Lorena, Sergio y Federico), junto con un equipo de actores y actrices, como Julieta Brito, Vanesa Maja y Christian García, entre otros, aportan capas de autenticidad al relato, donde la vida cotidiana, las pérdidas y los vínculos familiares se entrelazan.
Uno de los elementos más innovadores de Imprenteros es el uso de material de archivo familiar. Los recuerdos de los protagonistas se ven reforzados por fotografías y videos reales, que aportan una dimensión de verdad que va más allá de lo representado en escena. Esto conecta a los espectadores con la historia no solo desde la narración teatral, sino también desde una perspectiva más visual y emocional.
El teatro documental, en este caso, no se limita a contar una historia pasada, sino que invita al público a participar en una reflexión colectiva sobre el impacto del tiempo, la pérdida y la memoria. La obra logra que el público se sienta parte de esa imprenta, rodeado de papeles, tintas y la presencia siempre latente de lo que ya no existe.
A lo largo de la obra, la frontera entre lo real y lo representado se difumina constantemente. Los hermanos Vega, al compartir escena con actores y actrices, plantean preguntas sobre la reconstrucción del pasado: ¿Qué es más real, lo que se vivió o lo que se recuerda? Es en ese punto donde Imprenteros encuentra su mayor fuerza, al mostrar que la verdad se encuentra en la mezcla entre lo vivido y lo representado.
En el centro de todo está la imprenta, un lugar que ya no les pertenece a los Vega pero que sigue vivo en la memoria de los protagonistas. A través de la representación, logran volver, aunque sea simbólicamente, a ese lugar. La obra se convierte en una forma de resistir al olvido, de recuperar lo perdido y de darle sentido a una parte importante de la identidad familiar.