2019-12-23
Mucho ruido y pocas nueces
El Rey
Basada en la obra de William Shakespeare, El Rey narra cómo el
príncipe Hal asciende al trono como Enrique V. Estamos en plena Guerra
de los Cien Años, y este príncipe díscolo se gana el derecho a suceder a
su padre en el trono tras terminar con unas peleas internas de los
galeses. El rey llega con principios pacifistas y con un talante muy
distinto de su padre, obsesionado por hacerse con el trono de Francia.
Pronto las circunstancias lo obligarán a poner rumbo hacia Francia y
ganar en el campo de batalla su derecho a anexionarse Francia a
Inglaterra. El Rey comienza con un arranque feroz y
prodigioso. El problema subyace en cómo David Michôd lo manejó al
simplificar demasiado un material lleno de sugerentes aristas, devaluar
un subtexto rico en reflexiones sobre el poder, la corrupción y la
Guerra Eterna hasta obtener una superficie narrativa plana. Se podría
argumentar que la intención de Michôd y
Joel Edgerton, co-guionista y creador de un Falstaff
interesante, era apartarse del pentámetro yámbico para acercarse al
origen, a esos hitos de la historia británica que inspiraron la Saga de
los Enriques en primer lugar.La historia, que opta por atajos
dramáticos y síntesis reduccionista, está abrumada por la ansiedad de
una influencia especialmente paralizante. El Rey, en otras
palabras, no respira, es incapaz de tomar sus propias decisiones y
llevarlas hasta el final, optando en su lugar por presentar una versión
ligera de una tragedia que, cuando se hace bien, consigue incomodar y
conmover con sus preguntas retóricas sobre la medida de un buen hombre,
el componente de condena que encierra toda herencia familiar o el peso
real de la corona sobre una cabeza condenada.David Michôd
logra con El Rey uno de los mayores fiascos de la actual
temporada cinematográfica, especialmente para espectadores interesados
en algo más que unos cuantos planos de Timothée Chalamet y
Robert Pattinson.
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