2019-09-01

Crítica de "El hombre que corría tras el viento": Ismael Serrano y una pésima elección

Daniel (Ismael Serrano) trabaja en una aseguradora y observa diariamente desde su oficina a Carola (Jazmín Stuart), la camarera del bar donde suele almorzar, de quien se enamora perdidamente. Sin embargo, su timidez y miedo al fracaso le juegan una mala pasada, aunque la vida le brinda una nueva oportunidad para recomenzar.

El film está plagado de desaciertos, algunos de ellos, o casi todos, evitables. Aun así, es justo reconocer el buen trabajo de Jazmín Stuart y Pasta Dioguardi, quien interpreta al amigo ciego, ofreciendo un respiro ante el anticarisma de Serrano. Su personaje es plano y anodino, carente de matices y completamente insufrible en pantalla. La elección de Serrano como protagonista es uno de los errores más grandes del film; su actuación es monótona y sin crescendo, incapaz de transmitir lo necesario. Su presencia provoca desazón y hasta incomodidad, siendo un personaje apático que no logra conquistar ni al personaje femenino ni al espectador.

La historia, basada en "La dulce Carola" del propio Serrano, se narra en dos tiempos cinematográficos. Un presente que, tras un quiebre narrativo provocado por un cambio de fecha en un DNI, retrocede en el tiempo para dar lugar al desenlace esperado por el protagonista. No obstante, el juego temporal no está explicado adecuadamente, generando la sensación de que los rollos de la película se proyectan desordenadamente.

El film adolece de una pretensión mal justificada. El onirismo que intenta transmitir no se sostiene desde ningún punto de vista, al igual que el uso de metáforas reminiscente de una cursilería ochentosa pasada de moda. Los personajes son verborrágicos, hablan sin decir nada, y las frases hechas están increíblemente cargadas de una lírica fuera de tiempo.

En definitiva, El hombre que corría... es una película mediocre, fruto de un guion inconsistente y una pésima elección de su protagonista. Intentar encontrar algún acierto en esta producción resulta en vano, ya que se trata de un trabajo que, lamentablemente, no ofrece justificación alguna para ser defendido.

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