Juan Pablo Russo
08/09/2015 00:57

Beda Docampo Feijóo es un director formado en la década del 80 y eso se nota en Francisco. El Padre Jorge (2015), una película narrada, filmada y actuada como hace tres décadas atrás, donde es más lo que se omite que las verdades que intenta revelar. Se destaca la medida interpretación de Dario Grandinetti como Jorge Mario Bergoglio.

Francisco. El Padre Jorge

(2015)

La primera biopic sobre Jorge Bergoglio, el arzobispo de Buenos Aires que se convirtió en el Papa Francisco, está contada por Beda Docampo Feijóo a partir de algunos retazos de su vida. Basada en el libro de la italiana Elisabetta Piqué, la historia lleva el punto de vista que esta periodista italiana pudo reconstruir después de entablar una amistad con Bergoglio durante el cónclave de 2005.

La película comienza en Buenos Aires con Ana (Silvia Abascal como el alter ego de Piqué) y su pequeña hija realizando un “tour papal” por los lugares típicos donde Bergoglio ejercía su tarea sacerdotal. Esto servirá para desde una serie de flashbacks trasladar la trama a la infancia, adolescencia y juventud, ofreciendo un leve pantallazo de su acercamiento a la religión y sus primeros pasos como sacerdote. Después la trama transitará por el periodo entre el cónclave que eligió a Ratzinger, la renuncia, y su posterior elección, con algunos momentos claves imposibles de evitar como su rol en la dictadura militar, aunque por supuesto dejándolo muy bien parado.

Con una estructura narrativa cercana a una revista Billiken y un desfile innecesario de estrellas nacionales en roles pequeños para poder hacerla aún más atractiva, Francisco. El Padre Jorge peca de omisión. Es más lo que se oculta que lo que se muestra. Algo que va en concordancia con la finalidad de la película y cuál es la imagen que se quiere instalar. No hay referencia a nada que lo perjudique y se lo pone en un lugar más cercano al bronce que a lo real. De sus dichos homofóbicos por supuesto no hay referencia alguna.

Se entiende que la intencionalidad de la película es realzar la figura de Bergoglio, limpiarla de cuestionamientos y aprovechar esta “moda” sobre el argentino más famoso del mundo para explotar el producto a nivel internacional. Lástima que el resultado artístico hubiera podido ser un poco mejor que al de una vieja telenovela mexicana y el narrativo un poco más cercano a la historia de un hombre con virtudes y defectos que a la de un dios terrenal inexistente. Aunque duela siempre es mejor la verdad que la mentira.

4.0

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