La película con Wanda Nara se estrena este jueves
Agustín Bernasconi: “¿Querés ser mi hijo?” y los mandatos sociales detrás de una historia de amor
En el marco del estreno de ¿Querés ser mi hijo?, la comedia romántica que marca el debut de Wanda Nara en el cine, EscribiendoCine conversó con Agustín Bernasconi, coprotagonista de la película, sobre los desafíos de llevar adelante una historia de amor que cuestiona las convenciones sociales y explora los vínculos atravesados por una marcada diferencia de edad.
A través del vínculo entre Javi y Lucía, la película pone en discusión los mandatos sociales y las expectativas que se construyen desde la infancia en torno a cómo deberíamos vivir, amar y alcanzar la realización personal. En esta entrevista, Bernasconi comparte su experiencia en el rodaje, habla sobre el trabajo con Wanda Nara y reflexiona acerca de las preguntas que propone la historia.
¿Cómo te sentiste al hacer esta película, que representa tu primera experiencia en cine?
La verdad es que estoy muy contento de estrenar por primera vez en el cine. Creo que es un desafío enorme para los dos. Hablo también por Wanda Nara, porque es la primera vez que vamos a estar juntos en la pantalla grande, contando una historia que siento que va a conectar mucho con la gente y que también va a generar bastante debate.
¿Qué fue lo que más te llamó la atención de esta historia de amor tan jugada?
Me llamó la atención todo. Desde el primer momento, la propuesta me gustó. Leí una sinopsis y enseguida fui a ver la película original, la mexicana, porque me parecía una historia interesante. También me atraía la posibilidad de hacerla con Wanda.
Me daba mucha curiosidad porque nunca la había visto actuar. Creo que tampoco había actuado antes, así que me preguntaba cómo íbamos a lograr contar esta historia. Pero hubo un compromiso muy grande desde el comienzo, mucho ensayo previo y, para mí, ella lo hizo muy bien.
¿Te basaste en la película original, teniendo en cuenta que se trata de una remake?
Obviamente, hay un norte porque vimos la película original. Si bien la historia está adaptada a la Argentina, en esencia es bastante similar. Traté de alinearme lo más posible, porque mi personaje tiene que hacerse pasar por alguien de 20 años y yo tengo 29.
Cambiar un poco mi apariencia, trabajar el tono de voz e incorporar algunas expresiones con tonada cordobesa le dio al personaje algo más de ternura e inocencia, que creo que le vino muy bien.
¿Hay alguna contradicción de tu personaje que te haya resultado especialmente atractiva como actor?
Sí. Creo que lo más lindo de actuar es que, a veces, te toca ponerte completamente en la piel de otra persona. Es como jugar durante un par de meses, o durante las horas de rodaje, a ser alguien distinto.
Javi tiene cierta inocencia propia de su edad y está atravesando una etapa crítica, en la que necesita empezar a tomar las riendas de su vida y animarse a hacer cosas. Es escritor, pero no se anima a mostrarle su trabajo al mundo. De repente, lo que le pasa con Lucía hace que empiece a animarse y a compartirlo. Eso fue algo que me gustó mucho de interpretar a Javi.
¿Qué recuerdo del rodaje representa mejor la experiencia de haber hecho esta película?
Tengo muchos recuerdos lindos porque la pasamos muy bien. Se generó un clima de familia. La película se filmó en Uruguay y éramos muy pocos los argentinos que viajamos, así que nos instalamos allá y se dio una convivencia muy linda.
Creo que uno de los aspectos más divertidos fue el vínculo con Wanda y la posibilidad de conocerla como persona, más allá de la celebridad que todos conocemos. Fue una gran compañera, nos reímos mucho y me llevo muchos recuerdos lindos.
¿Qué fue lo más difícil de construir la relación entre Javi y Lucía, atravesada por una diferencia de edad tan marcada?
Había que encontrar el punto exacto en el que se notara la diferencia de edad, pero en el que también hubiera atracción. Porque, si bien creo que el principal punto de conexión no pasa por lo físico, sino por la manera en que ellos se relacionan, al final no son tan distintos. Los dos están un poco perdidos en la vida: tienen edades diferentes, pero atraviesan problemas similares.
Encontrar ese hilo conductor fue, sin duda, uno de los desafíos.
La mayoría de las producciones en las que participaste pertenecen al género romántico. ¿Qué es lo que más te atrae de ese tipo de historias? ¿Te gustaría incursionar en otros géneros?
Justo se dio la casualidad de que hice otro proyecto bastante similar que está por estrenarse. Si bien tiene un color distinto, en esta película me tocó interpretar a un personaje mucho más chico e inocente, mientras que el otro quizás es un poco más maduro. Pero, casualmente, me tocaron dos proyectos con personajes parecidos y que transitan por un lugar similar.
Creo que está bueno analizar todas las propuestas que llegan y ver qué posibilidades ofrece cada una para interpretar al personaje que me toque. Pero sí, me gustaría incursionar en otros géneros.
¿Qué fue lo más desafiante de sostener el tono de comedia sin perder la credibilidad de la historia?
Hacer comedia es bastante complicado. Si bien no es una película que exagere demasiado con el humor, tiene muchos elementos del género. Hacer reír es muy difícil. Parece una broma, pero realmente lo es: no te podés pasar ni quedar corto. Tiene que haber un equilibrio justo.
Creo que la inocencia de Javi y su tonada cordobesa ayudaron a sumarle humor al personaje. También fue fundamental el trabajo con nuestro director, Hernán Guerschuny, que es un genio y nos ayudó muchísimo a construir esta historia.
¿Qué fue lo primero que pensaste que tenía que transmitir tu personaje para generar una conexión con el público?
Creo que tenía que transmitir cierta inmadurez e inocencia, porque el público no puede imaginar desde el comienzo que nuestros personajes van a terminar juntos. Al principio, Javi tiene que mostrarse como alguien que simplemente se hace pasar por el hijo de Lucía, y nada más.
Fue difícil porque tuve que modificar varias cosas de mí para generar ese efecto sorpresa en el espectador y lograr que no resultara evidente que mi personaje y el de Wanda iban a terminar juntos. Ese fue un gran desafío.
¿Hay alguna reflexión de la película con la que te hayas quedado personalmente?
Sí. Creo que se va a generar un debate muy grande a partir de la historia de Lucía y de cómo una generación creció condicionada por determinados mandatos sociales y modelos de vida establecidos desde la infancia. Son ideas vinculadas con ciertos roles, expectativas y formas de alcanzar la realización personal. La película plantea que no existe una edad límite para replantearse esas estructuras y perseguir un sueño que quizás había quedado postergado.
Como dice el refrán, «no hay mal que por bien no venga». Cuando a Lucía se le derrumba su familia y todo el ideal de vida que había construido, siente que el mundo se le viene abajo. Pero, de repente, también aparece la posibilidad de un nuevo despertar: intentar encontrarse consigo misma de una vez por todas y descubrir qué quiere ser y hacer con su vida. Me parece que ese es uno de los grandes debates que propone la película.
También me interesa cómo se aborda la cuestión generacional y la mirada social sobre las relaciones en las que hay una diferencia de edad. Cuando un hombre está con una mujer más joven, suele verse de una manera; cuando es una mujer mayor la que está con un hombre más joven, la mirada cambia. Creo que la película invita a cuestionar ese doble estándar y a preguntarnos por qué seguimos juzgando esos vínculos de manera diferente.