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Crítica de "Dulce de leche": crecer entre el deseo y los límites
Dulce de leche: crecer entre el deseo y los límites
Ailín Salas y Camilo Cuello Vitale protagonizan el film de Mariano Galperín sobre un romance que altera la rutina de un pueblo. El humor acompaña el descubrimiento de la intimidad y las tensiones con el mundo adulto.
En Dulce de leche (2011), Mariano Galperín (El delantal de Lili, 2004) cuenta la historia de Luis y Anita, dos adolescentes cuyo encuentro transforma el tiempo que comparten. Entre besos, caricias y cucharadas de dulce de leche, encuentran una forma de sustraerse al aburrimiento del lugar donde viven.
La relación se sostiene en las actuaciones de Ailín Salas y Camilo Cuello Vitale. Desde el primer cruce, sus miradas y gestos transmiten curiosidad, atracción y cierta incertidumbre. Galperín confía en ese intercambio para desarrollar el vínculo sin explicar cada emoción mediante el diálogo.
A medida que surgen las dificultades, el relato incorpora el conflicto generacional. Los adultos aparecen como figuras que interrumpen o condicionan la libertad de los protagonistas, una representación que responde al punto de vista elegido. El humor y la ironía permiten abordar esos enfrentamientos sin convertirlos en una sucesión de reproches.
La película pierde parte de esa confianza cuando subraya lo que las escenas ya permiten comprender. La secuencia final concentra este problema: al insistir en el sentido de la experiencia, limita la posibilidad de que el espectador encuentre su propia lectura.
Su mayor acierto está en observar el descubrimiento amoroso sin juzgarlo. Galperín acompaña a Luis y Anita en un aprendizaje que ocurre a través del cuerpo, de los acuerdos y de los desencuentros. El crecimiento no aparece como una enseñanza impuesta desde afuera, sino como algo que sucede mientras intentan estar juntos.