Gaumont
Crítica de “Una película de Parque Chas”: un barrio contado desde adentro
Con motivo del cumpleaños número 98 de Parque Chas, Una película de Parque Chas (2025) busca retratar una identidad colectiva construida a partir de sus calles, sus habitantes, sus celebraciones y, especialmente, de un profundo sentido de pertenencia.
Su narración se enhebra alrededor de las anécdotas y testimonios de sus vecinos, construyendo así un relato en el que la historia oficial convive con las pequeñas historias cotidianas. Parque Chas aparece como un barrio de inmigrantes, un verdadero crisol de experiencias y relatos que se fueron acumulando a lo largo de casi un siglo.
Hay un segmento animado que da vida a un collage de fotografías, dedicado a la historia del barrio, en el que imágenes históricas son intervenidas para recuperar visualmente un pasado que, de otro modo, podría quedar reducido a fechas y acontecimientos. La propuesta consigue así darle movimiento y una dimensión más cercana a una memoria viva, en permanente reconstrucción.
La directora Aye Redigonda filma las voces de sus habitantes que conforman un mosaico de recuerdos, anécdotas y experiencias que van desde situaciones pintorescas hasta las múltiples inundaciones sufridas. Pero también, esas variopintas historias parecen multiplicarse hasta perderse unas en otras, del mismo modo en que los visitantes pueden perderse entre sus calles diagonales. El documental reproduce, en su estructura narrativa, la singularidad laberíntica del barrio que intenta retratar.
Así, Una película de Parque Chas no pretende solamente contar cómo nació y se desarrolló el barrio, sino transmitir qué significa pertenecer a él. El resultado es un retrato afectivo de una comunidad a través de sus voces y sus encuentros.