Festival de San Sebastián 2026
Crítica de "Más allá de la sociedad", la serie documental creada por J.A. Bayona y Carlos Torres
Si bien ya existía una película basada en el mismo acontecimiento (¡Viven!, de 1993 y con dirección de Frank Marshall), el superlativo nivel de producción de la obra de Bayona y la atinada decisión de adoptar el punto de vista de la última víctima en morir (Numa Turcatti, interpretado por Enzo Vongrincic) hicieron de ella un testimonio de alto impacto emocional narrado magistralmente. El éxito global llegó y, si bien no ganó, obtuvo una nominación al Oscar como Película Extranjera.
De nuevo mediante Netflix, el realizador regresa a aquel suceso (en co-creación con Carlos Torres, también director), que conjuga tragedia, pero también un fenomenal espíritu de resiliencia que les permitió a 16 personas sobrevivir en las más ríspidas condiciones durante 72 días. El resultado es una miniserie documental de tres episodios que tiene como epicentro la llegada al mismo lugar en donde quedó el avión tras impactar, el viernes 13 de octubre de 1972. En aquel avión viajaban integrantes uruguayos del Old Christians Club junto a familiares y amigos rumbo a Chile para disputar un partido. Hacia ese punto de impacto llegaron Bayona, el equipo de filmación y algunos actores, quienes acamparon por primera vez en la zona, dado que el rodaje del film se había producido en sets y locaciones alternativas.
Más allá de la sociedad (2026) cuenta, además, con testimonios inéditos de los familiares y supervivientes, así como con la participación de los escritores Piers Paul Read y Pablo Vierci, y del realizador Frank Marshall. Todos estos entrevistados tienen un espacio destacado en el segundo y tercer episodio, centrados en quienes perdieron la vida y en el impacto cultural que tuvo aquel acontecimiento. La idea rectora, de alguna manera, es que el accidente no terminó con el rescate, sino que para ver la historia completa es necesario volver al mismo sitio (metafórica y literalmente) e indagar en las vidas de quienes, de forma directa o indirecta, se vieron afectados.
El resultado es otro trabajo de gran impacto emocional, que tiene la capacidad de ingresar a la órbita de quienes regresaron y de sus familias con respeto y sin condescendencia. La miniserie propone una serie de testimonios que ponen de relieve las diversas posturas (algunas, antagónicas) que debieron adoptar los que volvieron, tales como hasta dónde contar, de qué forma permitir o avalar que otros (periodistas y cineastas, esencialmente) narren lo que vivieron, y qué hacer frente a la naturaleza morbosa (de los medios, pero también del público global) ante lo inevitable que resultó tener que alimentarse de los cuerpos para poder llegar vivos hasta el final.
Tal vez este impecable trabajo se resienta un poco cuando pone el foco sobre el propio Bayona y el temor que le generaba la idea de un rechazo de La sociedad de la nieve por parte de los involucrados (hay toda una secuencia dedicada a mostrar la exhibición privada que se les ofreció en Montevideo, antes de que el film comenzara a exhibirse en festivales). Pero queda claro que aquel largometraje, uno de los más relevantes de su sólida filmografía, también lo interpela como ser humano; es interesante, entonces, no ver la miniserie como una coda, sino como un material complementario que, ahora sí, nos ofrecerá la “película completa”.