2026-09-24

Festival de Cine de San Sebastián 2026 - Competencia Oficial

Crítica de "Sants": Mikel Gurrea cruza el cine de atracos con el drama familiar de Victoria Luengo

En Sants (2026), Lali vuelve al barrio que dejó de adolescente para acompañar a Gloria, enferma de cáncer. Los años de distancia se perciben en las conversaciones que se interrumpen y en la incomodidad de compartir techo otra vez. Victoria Luengo le da al personaje una brusquedad que apenas encubre el agotamiento; Ariadna Gil encarna a una mujer que, ante la muerte, empieza a rezar. Están juntas, aunque eso no significa que sepan cómo tratarse.

Lali necesita dinero para atender a Gloria. Tras llevarse una figura religiosa de una capilla, conoce a Rosario, interpretada por Eulàlia Ramón. Ella dirige una banda que sustrae imágenes de iglesias y las vende para asistir a personas sin recursos. Tiene algo de Robin Hood barrial: redistribuye lo que obtiene fuera de la ley y reúne a su alrededor a quienes no encontraron ayuda por otra vía.

Gurrea acierta al no convertir a Rosario en una benefactora sin fisuras. Su grupo resuelve problemas reales, pero quien acepta su ayuda también ingresa en una trama de favores y decisiones ajenas. Ramón transmite esa autoridad sin necesidad de imponerse en cada escena. Frente a ella, Lali conserva su desconfianza incluso cuando comprende que necesita formar parte de la banda.

El director combina el drama familiar con el cine de atracos, aunque las dos líneas pierden impulso al encontrarse. Los preparativos de cada golpe suspenden por momentos lo que ocurre entre Lali y Gloria. Luengo evita que esa fractura parta también al personaje: aun lejos de su madre, lleva consigo el fastidio, el miedo y la obligación de volver.

Sants resulta más incisiva cuando observa lo que esas mujeres se deben sin saber cómo pedirlo que cuando busca tensión en una iglesia. La banda le permite a Gurrea poner en escena una salida posible; las actuaciones impiden que esa salida parezca suficiente. La película no siempre aprovecha esa fricción, pero en sus mejores momentos deja que el conflicto pese más que el ingenio del atraco.

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