Festival de San Sebastián - Horizontes Latinos
Crítica de " A Professora de Francês / The French Teacher": Cuando el fanatismo religioso secuestra la razón
A través de una puesta en escena dominada por la penumbra, el claroscuro y un diseño sonoro envolvente, A Professora de Francês plasma la tragedia de un cuerpo que se resiste a ser colonizado por el dogma claustrofóbico.
Antes de adentrarse en la opresión de la periferia, la película nos presenta a Grace (Grace Passô) en su hábitat académico. Durante una conferencia sobre el racionalismo, la profesora de francés apela a la duda metódica de Descartes como la única certeza posible para descifrar la realidad. Una tesis filosófica que actuará como el eje moral y su refugio a lo largo de toda la historia.
Acompañada por su novia Clara (Jehnny Beth), Grace acude a la casa de su padre enfermo en un barrio periférico de Belo Horizonte. El reencuentro se produce en una estancia iluminada por velas debido a un corte de corriente, donde el padre cena rodeado de vecinos. La atmósfera es tensa: algunos vecinos le reprochan su ausencia y el abandono del barrio. En medio de esa frialdad irrumpe Tomás (Pedro Goifman), en el preciso instante en el que la luz regresa e ilumina la estancia, dando un realce protagonista a la figura del joven discípulo.
El conflicto se articula en un riguroso plano dialéctico entre dos formas de catarsis. Frente al worship de las congregaciones evangélicas —donde la comunidad condena a Clara como una "intrusa" que amenaza el modelo de "familia normal"—, el director opone la libertad de la discoteca. Allí, el amor entre Grace y Clara recupera con la música, los besos y el baile su soberanía. El contraste revela la tensión sustancial del relato: el dogma intolerante frente a la libertad del individuo.
La presión de la comunidad atrapa a Grace en su telaraña. El acoso se vuelve sibilino a través de Tomás, que con su discurso mesiánico pretende disfrazar su intolerancia homofóbica en cínica protección moral compasiva, exigiéndole rectificar su conducta "tóxica". La puesta en escena favorece la tensión psicológica: los claroscuros del apartamento, la penumbra y los espejos viejos de azogue carcomido devuelven reflejos fragmentados en una ciudad que cae a pedazos. Tenorio (Rômulo Braga), el político, es el elemento del grupo para forzar un "matrimonio normal". La comunidad promueve clases de francés en el barrio para convertir a los alumnos en un instrumento coactivo. La violencia escala en un momento cumbre cuando Tomás toma el control del aula y hace repetir en francés las palabras «lesbiana, depravada, perversa y vergonzosa», alzando el ritmo y una voz ensordecedora y calumniante.
El cerco se cierra con la escenificación religiosa del supuesto milagro de Tomás sobre el padre enfermo. En esa atmósfera opresiva y bajo los efectos de un té narcótico, la secuencia se envuelve en una bruma alucinatoria donde Grace cree ver el fantasma de su madre besarla, dejando en la penumbra la agresión de Tenorio y la pérdida del control de su propio cuerpo.
Tras la purga comunitaria destructiva de la casa —derribando muros e incendiando muebles—, la visión de su madre, que le insinúa "tú sabes lo que hacer", actúa como detonante de su racionalismo y de su dignidad. Un primerísimo primer plano del ojo de Grace donde el destello del fuego se refleja en sus pupilas devuelve la certeza de que la razón, aun acorralada y vilipendiada, encuentra el modo de reducir a cenizas su propio infierno.