2026-09-19
Festival de San Sebastián 2026
Naomi Watts recibió el Premio Donostia en San Sebastián y se lo dedicó a David Lynch
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Naomi Watts subió esta noche al escenario del Auditorio Kursaal para recibir el segundo Premio Donostia de la 74ª edición del Festival de San Sebastián. La ceremonia, presentada por el actor Jon Plazaola, recorrió una trayectoria marcada por cineastas como David Lynch, Michael Haneke, David Cronenberg, Peter Jackson, Alejandro González Iñárritu y J. A. Bayona, encargado de entregarle la máxima distinción honorífica del certamen.
“Recibir un premio a toda una trayectoria es algo extraño cuando todavía sientes que estás en medio de ella o incluso que acabas de empezar”, afirmó Watts al comienzo de su discurso. La actriz, que hace tres décadas intentaba abrirse camino en Hollywood mientras acumulaba rechazos, reconoció que entonces tenía “esperanzas y sueños”, aunque nunca imaginó que la llevarían hasta ese escenario.
El nombre que atravesó la ceremonia fue el de David Lynch, fallecido en enero de 2025. El director cambió la carrera de Watts al confiarle el doble personaje de Betty Elms y Diane Selwyn en Mulholland Drive (2001), la película que la convirtió en una figura internacional después de años de papeles menores y audiciones sin resultados.
“Todas las heridas de aquellos rechazos de repente se transformaron en crecimiento. Me dio un papel que ni siquiera habría podido soñar. David cambió mi vida”, recordó. Para Watts, Lynch no solo le ofreció una oportunidad profesional, sino otra manera de comprender su oficio.
“Me dio una comprensión diferente de lo que significaba actuar: confiar en el instinto, aceptar la incertidumbre, no tener miedo de lo extraño ni de aquello que no tiene explicación”, señaló. Luego dirigió unas palabras al cineasta: “Creyó en algo que había en mí antes de que yo misma confiara plenamente en mí. Es un regalo que nunca se olvida. Así que este premio tiene mucho que ver con él. David, te echo de menos”.
Antes de entregarle el Premio Donostia, J. A. Bayona aseguró que estaba viviendo “un sueño hecho realidad”. El director español recordó su trabajo con Watts en Lo imposible (2012), presentada fuera de concurso en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián.
“Hace un tiempo soñé que Naomi Watts recibía el Premio Donostia y que yo se lo entregaba”, contó Bayona. También destacó la lista de directores con los que trabajó la actriz, aunque sostuvo que esa trayectoria solo podía ser superada por su capacidad interpretativa.
El cineasta recordó una escena del rodaje de Lo imposible en la que María, el personaje de Watts, es auxiliada por dos mujeres tailandesas después de ser arrastrada por el tsunami. Las mujeres no eran actrices profesionales y la reacción de Watts no estaba prevista en el guion.
“Naomi se dejó llevar por la autenticidad e hizo su magia. Empezó a llorar desconsoladamente. No había personajes, solo una mujer rota buscando el consuelo de unas desconocidas”, relató. Bayona afirmó que aquel momento modificó su manera de dirigir y de comprender el trabajo de los intérpretes: “Esa fuerza de la naturaleza aparece cuando Naomi confía”.
Watts devolvió el reconocimiento al evocar la experiencia de filmar Lo imposible y agradeció al director por acompañarla en una producción atravesada por la exigencia física y emocional. También mencionó a Michael Haneke, con quien trabajó en “Funny Games”; David Cronenberg, que la dirigió en Promesas del Este; Peter Jackson, responsable de King Kong, y Alejandro González Iñárritu, con quien rodó 21 gramos.
El discurso adquirió otra dimensión cuando la actriz recordó que, a los 31 años y durante el estreno de Mulholland Drive, le advirtieron que su carrera terminaría al cumplir los 40. Watts tiene hoy 57 años y continúa trabajando como actriz y productora.
“Las mujeres de mi edad tenemos que vernos reflejadas en las pantallas”, sostuvo. La frase no funcionó solamente como una reivindicación personal. Señaló una industria que durante décadas redujo los papeles disponibles para las actrices a medida que envejecían, mientras reservaba para los hombres la posibilidad de continuar protagonizando historias.
Watts aseguró sentirse parte de un cambio en esa narrativa y reivindicó la necesidad de contar historias en el presente. “El cine es la forma de arte más hermosa. Necesitamos contar historias ahora más que nunca”, afirmó ante el público del Kursaal.
La actriz también agradeció a los equipos técnicos que sostienen cada producción y definió el cine como una de las prácticas artísticas más colaborativas e imprevisibles. “Puedes prepararte para todo y, entonces, sucede algo inesperado y, de repente, estás viva”, explicó.
Esa incertidumbre, según Watts, constituye el centro de su trabajo. “La satisfacción de ser actriz es pasar la vida intentando habitar a otras personas y, en el camino, descubrir más de ti misma”, expresó.
La ceremonia se completó con la proyección de The Housewife, debut como director de Ben Shirinian. Watts agradeció al cineasta por haber confiado en ella y sumarlo a una trayectoria que nunca consideró terminada.
Su paso por el Kursaal funcionó como una revisión de más de tres décadas de carrera, pero también como una declaración sobre el futuro. El Premio Donostia no encontró a Naomi Watts despidiéndose de una etapa, sino preguntándose por la próxima película, el próximo personaje y aquello que todavía puede descubrir frente a una cámara.
“Después de todos estos años, todavía quiero saber qué pasa después”, concluyó. La frase cerró la ceremonia y resumió el recorrido de una actriz que llegó a San Sebastián para recibir un reconocimiento a su pasado, pero eligió hablar sobre el lugar que todavía pretende ocupar en el cine.