2026-09-06

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Crítica de “Mayday”: Ryan Reynolds y Kenneth Branagh le ponen humor a la Guerra Fría

Dirigida por John Francis Daley y Jonathan Goldstein -Noche de juegos (Game Night, 2018) y Calabozos y dragones: Honor entre ladrones (Dungeons & Dragons: Honor Among Thieves, 2023)-, Mayday (2026) es la clásica comedia de opuestos, cargada de aventuras, enredos y situaciones disparatadas. Solo que la película lleva ese concepto al extremo al trasladarlo al contexto de la Guerra Fría, donde las diferencias entre sus protagonistas también representan las enormes distancias entre dos mundos enfrentados.

Estamos en 1987, en los últimos años de la Unión Soviética, con la tensión al máximo entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov. Un piloto de la Marina de Estados Unidos (Ryan Reynolds) cae en territorio soviético y es rescatado por un exagente de la KGB (Kenneth Branagh), fanático de Top Gun (1986) y de toda la cultura estadounidense. Entre ambos se establece una inesperada amistad y el exagente decide ayudar al piloto a llegar hasta la frontera, con la promesa de conseguir asilo en territorio yankie.

Los opuestos, como decíamos, son explorados desde los personajes —el sensible y el duro—, pero también desde los países y los imaginarios que representan: la democracia y sus libertades frente al sistema soviético. Sin embargo, la película se encarga de deconstruir esa oposición. Con inteligencia, Mayday pone el foco en personajes que están por encima de los sistemas y las ideologías: simples sobrevivientes de gobiernos que los utilizan y representan, pero con los que no necesariamente se sienten identificados. Así, la cuestión ideológica queda desplazada por un relato de opuestos que, a medida que avanza, descubre que tienen mucho más en común de lo que imaginaban. Un discurso sobre la grieta, si los hay.

Pero si algo funciona especialmente bien es la química entre Ryan Reynolds y Kenneth Branagh. La comedia se apoya en el humor característico de Reynolds, absurdo por momentos —con algunos pasajes de slapstick—, insolente en otros y cargado de referencias cinematográficas. A esto se suma una dirección de acción efectiva, con cámaras que acompañan los movimientos de los personajes y los objetos, además de peleas coreografiadas con precisión. En ese sentido, Daley y Goldstein consiguen que la acción funcione como un complemento del humor físico para explotar la dinámica entre los protagonistas.

Mayday funciona, entonces, como un ejemplo de comedia de acción bien hecha y ejecutada. Y si bien no descubre nada nuevo dentro de las películas de opuestos que combinan humor y acción, sabe explotar al máximo sus posibilidades para construir un producto entretenido, dinámico y funcional.

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