2026-08-25

Salas

Crítica de “Solo por una noche”: Mónica Barbaro y Callum Turner en una comedia romántica demasiado impostada

Solo por una noche (One Night Only, 2026) sigue a Owen (Callum Turner), un chico que acaba de ser dejado por su pareja, y a Allie (Monica Barbaro), una romántica empedernida. Ambos se conocen justo cuando comienza esta particular tradición, demostrando ser los únicos dos solteros de la ciudad que buscan algo más que un encuentro fugaz. Ahí empiezan a sentir una conexión inmediata, pero una serie de malentendidos, tropiezos y desvíos inesperados complican su noche y los mantienen separados. Mientras recorren la ciudad, acercándose y alejándose uno del otro, empiezan a cuestionarse qué quieren realmente y si es posible encontrar una conexión genuina en una ciudad donde el amor y el deseo parecen estar sujetos a reglas.

En el cine de Will Gluck —que siempre se caracterizó por hacer películas románticas simples y divertidas— suelen mostrarse historias bastante clásicas que transcurren en un mundo real, sin ningún detalle fantasioso, pero siempre manteniendo el patrón de una comedia de enredos sin ser muy rebuscada ni arriesgada en cuanto a conceptos y decisiones. En este caso, Gluck hace una excepción al presentar una historia —que cumple con los patrones ya mencionados— pero con la simple modificación de que transcurre en una realidad alterada, en una Nueva York muy parecida a La purga (The Purge, 2013), en la que por una noche hay libre albedrío, en este caso para que las personas solteras puedan tener sexo.

Partiendo de esta base, en su primera instancia la película peca de exagerada al demostrar este mandato de una manera desesperada, con un montaje fugaz y una puesta en escena que hace énfasis en diferentes secuencias de sexo a modo de ambientación, dejando relucir la poca experiencia de Gluck al contar una historia con un panorama tan particular como este. Este primer tramo se siente repetitivo y pesado al hacer tanto énfasis en el mandato, cuando al espectador ya le quedó claro el contexto de la película. Este tono busca replicar el de las películas de ciencia ficción distópicas, pero de una manera más suavizada, ya que se trata de un contexto contemporáneo. En esta primera instancia tan exagerada es donde nos presentan a nuestros protagonistas, separando sus arcos —para después unificarlos— y presentando cada aspecto de su vida. Acá se puede notar que la película hace más énfasis en Owen que en Allie, marcándolo como el protagonista de la historia, ya que se sabe mucho más de su vida y los conflictos que lo rodean, aunque esto no tenga mucha repercusión en la historia, ya que se resuelven de manera fácil y obvia.

Hasta la mitad del segundo acto, la película entra en una búsqueda constante de identidad mientras se apoya en un tipo de comedia fácil y efectiva para distraer al espectador de esta falta de personalidad, por lo que empieza a ejecutarse en piloto automático, apoyándose en la típica estructura de película caótica en la que los protagonistas recorren la ciudad de fiesta en fiesta con el objetivo de aprovechar esta noche libre y acostarse con alguien. Cuando entra en este modo, la película deja de sentirse impostada y logra ser genuinamente cómica y divertida, ya que no está en la búsqueda constante de un mensaje, enseñanza o crítica social, sino que empieza a funcionar bien como película caótica. El gran problema surge cuando la película se acuerda de que es una comedia romántica y busca emparejar a los dos protagonistas para tener el clásico final feliz que suelen tener las comedias románticas. Es ahí donde el film decae, ya que intenta volverse reflexivo y tener un desenlace digno y a la altura de lo que se vio anteriormente en la película, pero no lo logra por tener un romance demasiado impostado y sin alma y dos protagonistas planos que no tienen química.

Solo por una noche decepciona al tener un concepto tan prometedor y creativo, pero mal ejecutado. Acá el principal problema es el cambio tan abrupto de tono y la dificultad para abordar un contexto que, en el fondo, busca ser una crítica sobre la sociedad. En sí, el mensaje sobre la superioridad de las conexiones humanas profundas por sobre el caos de la gratificación instantánea es correcto y adecuado a los tiempos que corren, pero su ejecución no lo termina de plasmar de una manera que trascienda. De todos modos, a pesar de sus fallas, esta es una película disfrutable e ideal para los amantes de las comedias románticas.

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