2026-08-07

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De Almodóvar a Lynch: MUBI recorre el cine que inspiró Lux de Rosalía

MUBI pone el foco en el universo cinematográfico de Rosalía con La historia de Lux, un ciclo que reúne algunas de las películas que acompañaron la construcción conceptual y visual de Lux (2025). La selección va del flamenco de Yerai Cortés a la religiosidad de Sergei Parajanov, del melodrama de Pedro Almodóvar a las pesadillas de David Lynch y de la espiritualidad de Andrei Tarkovsky al musical de Lars von Trier.

El ciclo llega además en un momento particular. Lux ya dejó de ser solamente el cuarto álbum de Rosalía para convertirse en un proyecto que encuentra su verdadera dimensión cuando pasa al escenario. Los shows de la gira permiten entender hasta qué punto las canciones fueron concebidas dentro de un sistema más amplio de imágenes, movimientos, vestuario, luces y referencias culturales. El concierto no funciona como una simple reproducción del disco: lo expande.

Después de El mal querer y Motomami, Rosalía volvió a cambiar las reglas de su propio recorrido. Lux trabaja con orquestaciones, coros, flamenco, referencias religiosas y una búsqueda espiritual que convive, sin demasiados complejos, con la maquinaria de una estrella global. La religión aparece como iconografía, pero también como una manera de pensar el sacrificio, la culpa, el deseo y la trascendencia.

Las películas elegidas por MUBI permiten reconstruir parte de esa trama.

Una de las conexiones más directas aparece en La guitarra flamenca de Yerai Cortés (2024), debut como director de C. Tangana. Rodada en 16 y 35 mm, la película acompaña al guitarrista Yerai Cortés durante la creación de su primer álbum y combina actuaciones, conversaciones y reconstrucciones familiares. Cortés colaboró con Rosalía y representa un flamenco que no se relaciona con la tradición desde la conservación sino desde la posibilidad de seguir transformándola.

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Ese vínculo ayuda a comprender el lugar que ocupa el flamenco en Lux. Rosalía puede rodearlo de una orquesta, cruzarlo con otros géneros o llevarlo hacia una puesta de escala internacional, pero permanece en la voz, en las palmas, en determinados movimientos del cuerpo y en una forma de entender la interpretación.

Otra pieza central es Sayat Nova. El color de la granada (1969), de Sergei Parajanov. La película sobre el poeta armenio Sayat-Nova abandona prácticamente cualquier narración biográfica convencional y la reemplaza por una sucesión de composiciones visuales: cuerpos, telas, libros, frutas y símbolos religiosos organizados como cuadros en movimiento.

La relación con Lux no necesita demasiadas explicaciones. En el espectáculo de Rosalía también existen momentos en los que la imagen reemplaza al relato. Los cuerpos se ordenan frontalmente, la iluminación recorta figuras y el vestuario adquiere un sentido que supera su función decorativa. No siempre importa comprender qué significa cada elemento. Importa la asociación que produce.

Todo sobre mi madre (1999) abre otro camino. En el cine de Almodóvar, la representación nunca necesita esconderse para producir emoción. Teatro, melodrama, actuación e identidad se mezclan hasta volver difícil establecer dónde termina una cosa y comienza la otra.

Rosalía trabaja sobre una lógica parecida. Lux no pretende ocultar su artificio. Lo exhibe. Una pose es una pose, el vestuario puede adquirir dimensiones ceremoniales y el escenario puede convertirse durante unos minutos en un espacio religioso para regresar inmediatamente después al concierto pop. La contradicción forma parte del dispositivo.

La inclusión de Eraserhead (1977), de David Lynch, resulta menos evidente y por eso también más reveladora. La ópera prima del director estadounidense construye buena parte de su efecto mediante el sonido, las texturas y una sucesión de imágenes que se resisten a una interpretación cerrada. Dentro de una selección dedicada a Rosalía, Lynch señala el lugar que Lux reserva para lo extraño y para aquello que no necesita resolverse.

Con El sacrificio (1986), de Andrei Tarkovsky, la conexión se desplaza hacia la dimensión espiritual. Fe, crisis, creación y sacrificio atraviesan la última película del realizador ruso. Son cuestiones que también aparecen en el álbum de Rosalía, aunque trasladadas a las tensiones de una artista contemporánea que utiliza la simbología religiosa sin convertir el disco en una declaración de fe.

También está Bailarina en la oscuridad (2000), de Lars von Trier, protagonizada por Björk, quien participa en Lux. La película transforma los ruidos de fábricas, trenes y objetos cotidianos en números musicales mientras su protagonista busca refugiarse de una realidad cada vez más asfixiante. Más allá de la colaboración entre ambas cantantes, Björk aparece como un antecedente posible para pensar una estrella pop que decidió que cada nuevo disco podía modificar también su identidad visual.

Ángeles caídos (1995), de Wong Kar Wai, suma la distorsión de los grandes angulares de Christopher Doyle y una Hong Kong convertida en territorio emocional, mientras que la argentina En vos confío (2023), de Agustín Toscano, utiliza recreaciones, música y tableaux para apartarse de las convenciones del true crime.

Vistas juntas, las películas revelan el criterio que organiza el ciclo. No pertenecen a una misma escuela, época ni género. Lo que comparten es cierta resistencia a permanecer dentro de una forma establecida. Parajanov desarma la biografía; Lynch, la narración; von Trier, el musical; Toscano, el documental policial; Wong Kar Wai, las formas del cine de género.

Y ahí aparece probablemente la relación más productiva con Rosalía.

Desde El mal querer, su recorrido puede leerse como una sucesión de desplazamientos. El flamenco dejó de ser únicamente flamenco, el reguetón podía convivir con la experimentación y ahora un álbum pop puede apropiarse de la ópera, la liturgia y la música orquestal. Lux no busca resolver esas contradicciones: trabaja con ellas.

El ciclo de MUBI permite entonces hacer algo más interesante que detectar referencias. Permite mirar el álbum desde el cine y comprobar que muchas de las decisiones que aparecen sobre el escenario tienen una historia anterior.

Almodóvar aporta el artificio. Parajanov, la composición. Tarkovsky, la espiritualidad. Lynch, la extrañeza. Wong Kar Wai, la imagen como estado emocional. Björk y von Trier, la ruptura del musical. Yerai Cortés, la persistencia del flamenco.

La historia de Lux no funciona como una explicación definitiva del disco. Funciona mejor como una constelación. Las películas no dicen qué significa Rosalía, pero muestran algunos de los lugares desde los que decidió construir su nuevo mundo.

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