2026-07-22

Gaumont

Crítica de “Sí, cambio”: Cine independiente del universo Szulanski

Sí, cambio (2026) se presenta como una comedia de detectives, aunque en realidad está muy lejos de serlo. La investigación que lleva adelante su protagonista funciona apenas como un pretexto para encadenar una serie de situaciones sostenidas por diálogos improvisados, donde predominan el humor absurdo y los tiempos muertos, deliberadamente extendidos como un chiste incómodo sobre las convenciones y los modos del cine independiente porteño.

Protagonizada por Tamara Leschner y María Villar, la película que participó del BAFICI, narra la historia de Carla (Leschner), una detective privada, que pasa los días siguiendo a un sospechoso. La aparición inesperada de Alicia (María Villar), una vecina, pone en crisis  tanto la investigación como su vida personal.

Para comprender cabalmente qué propone Sí, cambio es necesario remontarse a las últimas películas dirigidas por Matías Szulanski, como Juana Banana (2022), Último recurso (2023), En el cine (2025) y La amiga de mi amigo (2025). Todas ellas fueron realizadas bajo un mismo sistema de producción: improvisación, presupuestos mínimos y una estética profundamente urbana, construida a partir de calles transitadas, cines de arte, departamentos pequeños, cafés y pizzerías de la Ciudad de Buenos Aires. De allí surge un microuniverso donde actores, personajes, espacios y situaciones se reciclan una y otra vez.

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Sin embargo, también resulta justo señalar que esa fórmula comienza a mostrar signos de agotamiento. En su repetición deliberada, en su cinefilia implícita y en una producción casi seriada, todo este corpus podría concatenarse como una única película dividida en episodios. Cada nueva propuesta dialoga con la anterior hasta el punto de que aquello que alguna vez resultó novedoso empieza a exhibir sus propios límites expresivos.

En otras palabras, Sí, cambio está bien interpretada; sus situaciones transmiten una espontaneidad genuina y varios de sus desvíos narrativos resultan incluso simpáticos. Sin embargo, la impresión final es la de asistir a una película cuyo procedimiento formal termina imponiéndose al relato, dejando la sensación de que el universo Szulanski ha comenzado a girar sobre sí mismo.

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