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Crítica de "El Halcón": Will Ferrell y el golfista errante
La serie El Halcón (The Hawk, 2026) creada y protagonizada por Will Ferrell vuelve a apoyarse en el personaje que lo convirtió en una figura de la comedia: el adulto infantil, egocéntrico y bastante torpe.
La historia comienza cuando Lonnie “The Hawk” Hawkins (Ferrell) pierde a su viejo caddie (Keith David) y único compañero de vida. Tras un matrimonio fracasado con Stacy (Molly Shannon) y una relación distante con su hijo (Jimmy Tatro) —también golfista—, su vida parece haber llegado a un callejón sin salida. Sin embargo, el encuentro con una nueva caddie (Fortune Feimster), tan excéntrica como él, lo impulsa a regresar a los campos de golf con un objetivo claro: ganar el US Open para completar el Grand Slam de su carrera.
Will Ferrell vuelve a transitar una comedia ligera, de humor básico y una premisa argumental mínima, una fórmula que ha repetido en numerosas oportunidades a lo largo de su carrera. Aunque este tipo de personajes forman parte de su sello, el actor ya ha demostrado en otras ocasiones que puede sacar mucho más provecho de ellos y ofrecer trabajos considerablemente más memorables.
A lo largo de diez episodios de apenas treinta minutos, El Halcón explota una vez más el arquetipo del hombre engreído, narcisista, ridículo e inmaduro que Ferrell interpreta con absoluta naturalidad. Sin dudas, él es el principal atractivo de la serie, y los pocos momentos realmente divertidos descansan casi por completo en sus gestos, sus exageraciones físicas y su innegable talento para la comedia absurda.
El problema es que el resto de la propuesta nunca está a la altura. El guion apenas le ofrece un puñado de buenos chistes y luego cae en la reiteración, el tedio y un desarrollo sin demasiada inspiración. Da la sensación de que la serie existe más como una excusa para volver a explotar el carisma de Ferrell entre sus seguidores que como un proyecto con una identidad propia.
El Halcón no desentona dentro de la filmografía reciente del actor, pero evidencia un problema difícil de perdonar en una comedia: la escasez de humor verdaderamente efectivo. El resultado es una serie simpática por momentos, con un protagonista siempre carismático, aunque demasiado intrascendente como para permanecer en la memoria una vez terminada.