2026-06-22

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Crítica de "Mensajes de voz para Isabelle": la comedia romántica que recupera la magia del género

La película de Leah McKendrick sigue a Jill (Zoey Deutch), una joven que continúa dejando mensajes de voz en el teléfono celular de su hermana fallecida. Lo que desconoce es que ese número ya pertenece a Wes (Nick Robinson), un hombre que empieza escuchando esas grabaciones por curiosidad y termina desarrollando un vínculo con alguien a quien todavía no conoce. A partir de esa premisa, la directora construye una comedia romántica que traslada las reglas clásicas del género al universo de los smartphones, las redes sociales y las formas contemporáneas de comunicación.

Desde sus primeros minutos, Mensajes de voz para Isabelle (Voicemails for Isabelle, 2026) deja claro cuáles son sus referencias. Hay algo de Tienes un e-mail (You've Got Mail, 1998), algo de Un lugar llamado Notting Hill (Notting Hill, 1999), algo de Realmente amor (Love Actually, 2003) y hasta ecos de Diario de una pasión (The Notebook, 2004). Lejos de ocultar esas influencias, la película las incorpora como parte de su identidad y recupera una idea que el cine romántico ha explorado durante décadas: la posibilidad de que una conexión inesperada altere el curso de una vida.

La química entre Zoey Deutch y Nick Robinson se convierte en el eje del relato. Las conversaciones, las miradas y los pequeños gestos construyen una cercanía que hace avanzar la relación con naturalidad. Deutch aporta una energía que sostiene buena parte de la película y convierte a Jill en uno de esos personajes que parecen estar siempre pensando en voz alta. Robinson encuentra el tono justo para acompañarla y juntos construyen una dinámica que sostiene el interés incluso en los momentos más sencillos de la historia.

El relato dedica buena parte de su tiempo a mostrar cómo Jill interpreta el mundo a través de las historias que cuenta. Los mensajes, las anécdotas y los recuerdos van delineando un personaje para el que cada experiencia parece adquirir sentido cuando puede compartirla con alguien más. En ese proceso, Wes descubre facetas de ella que normalmente permanecerían ocultas para cualquier desconocido, una decisión narrativa que le aporta una identidad propia a la película dentro de las coordenadas habituales del género.

A eso se suma el papel que desempeña San Francisco. La ciudad recupera una tradición muy ligada a la comedia romántica norteamericana, donde el espacio urbano se convierte en escenario de encuentros, recorridos y descubrimientos personales. Los paseos por sus calles, cafés y miradores acompañan el acercamiento entre los protagonistas y aportan una dimensión visual que dialoga con otras historias románticas ambientadas en ciudades convertidas en parte esencial del relato.

Mensajes de voz para Isabelle encuentra su mayor virtud en la sencillez con la que aborda su historia. Leah McKendrick apuesta por personajes que conectan a través de la palabra, por intérpretes capaces de sostener esa conexión y por una puesta en escena que abraza sin complejos las herramientas tradicionales de la comedia romántica. El resultado es una película que recupera el placer de acompañar a dos personas mientras descubren, casi sin proponérselo, que sus vidas pueden empezar a escribirse juntas.

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