2026-06-10

Salas

Crítica de "Las 100 noches del deseo": Maika Monroe y Nicholas Galitzine en una propuesta que no logra sostenerse

Inspirada en la novela homónima de Isabel Greenberg, Las 100 noches del deseo (100 Nights of Hero, 2026) propone una reinterpretación contemporánea de Las mil y una noches desde una perspectiva feminista. 

La historia transcurre en un universo de fantasía histórica, donde Cherry (Maika Monroe), una joven atrapada en un matrimonio sin amor, vive junto a Hero (Emma Corrin), su fiel doncella. La rutina de ambas se ve alterada cuando llega Manfred (Nicholas Galitzine), un visitante carismático que pone en riesgo el delicado equilibrio del castillo. A partir de ese momento, comienza un juego de tensión, seducción y estrategia. Para proteger a Cherry de una apuesta cruel entre su esposo y Manfred, Hero decide recurrir a una herramienta poderosa: contar historias. Así, noche tras noche, sus relatos no solo entretienen, sino que también se convierten en una forma de resistencia y en una vía hacia la libertad.

La película dirigida por Julia Jackman tiene una estética kitsch muy divertida, un universo interesante y un concepto que busca desarrollar temas como el deseo, el poder y las dinámicas afectivas desde una mirada contemporánea. El film comienza con un primer acto poderoso, en el que destaca el juego de seducción entre Manfred y Cherry, capaz de construir una tensión genuina. A esto se suma la presencia de una narradora (Felicity Jones) que, además de ofrecer una presentación entretenida de los personajes, aporta un tono creativo y literario que evoca de manera más directa la tradición oral de Las mil y una noches.

En este tramo inicial, la película encuentra una identidad muy marcada gracias a la combinación entre romance, deseo contenido y fantasía gótica. Por momentos recuerda a Cumbres borrascosas (Wuthering Heights, 2026), especialmente en la forma en que construye la atracción entre sus personajes. Sin embargo, mientras la película de Emerald Fennell se inclina hacia un romanticismo más oscuro y tormentoso, aquí la propuesta apuesta por una fantasía mucho más lúdica y estilizada.

Sin embargo, a partir del segundo acto la estructura comienza a debilitarse. Las actuaciones se vuelven más acartonadas y el relato cae en la repetición, mostrando situaciones muy similares entre sí sin avanzar significativamente en el desarrollo de los conflictos planteados. Este estancamiento provoca una notoria caída del ritmo y hace que los protagonistas pierdan relevancia. Lo que inicialmente prometía ser un drama sostenido por el conflicto entre Cherry y Manfred, con potencial para explorar cuestiones vinculadas al deseo, es rápidamente abandonado para dar lugar a un triángulo amoroso entre Cherry, Hero y Manfred que, aunque era una posibilidad latente dentro de la historia, carece de verdadera tensión dramática. Esta decisión reduce considerablemente el impacto del film.

Hacia su tramo final, la película —que durante todo su metraje parece estar en búsqueda de un mensaje— intenta articular un discurso ligado al feminismo y al rol de las mujeres que desafían estructuras históricas. Sin embargo, al igual que ocurre con muchos de los conceptos que propone, estas ideas no son desarrolladas con la suficiente profundidad y terminan sintiéndose incorporadas de manera forzada.

Las 100 Noches del deseo nunca logra sostener ni desarrollar plenamente los múltiples conceptos que introduce a lo largo de sus 91 minutos. Su prometedor comienzo y la entrega que ofrece Nicholas Galitzine durante la primera mitad contrastan con un desarrollo cada vez más irregular, dejando la sensación de que la película tenía mucho para decir, pero nunca encuentra la forma adecuada de hacerlo.

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