2026-05-27

Salas

Crítica de "Backrooms": el terror viral encuentra atmósfera, pero pierde el rumbo

Desde hace unos años que el cine de terror ha visto una corriente de películas de muy bajo presupuesto como Háblame (Talk to Me, 2022), Shelby Oaks (2024) y Iron Lung (2026) que son dirigidas por jóvenes YouTubers con audiencias cautivas y suelen adaptar algún tipo de leyenda urbana germinada en los foros de internet.

Es el turno de Backrooms (2026), dirigida por Kane Parsons. La película se inspira en el folclore entorno a una serie de fotografías anónimas (de espacios vacíos o abandonados) que el propio Parsons exploró en clave de found footage en su canal de YouTube. Es una mitología bastante pobre, construida entorno a un único mito: la existencia de un laberinto escondido en un espacio liminal que se extiende interminablemente. Como escribe G. K. Chesterton, “lo que más tememos es un laberinto sin centro”.

El problema es que la película no tiene mucho más para comunicar aparte de esta observación. Produce una locación inquietante, inventa dos personajes (uno va en busca del otro), cada uno con sus motivos personales para preferir o rechazar un vagabundeo sempiterno, y hasta ahí alcanza su genio o su curiosidad. Qué o quién es el minotauro que mora en el laberinto, y el cómo y el por qué de los científicos que lo monitorean, son incógnitas que no interesan ni son debidamente contestadas.

Lo que Backrooms tiene es un buen gancho y una buena dirección artística que se expresa en la estética del laberinto, que con sus empapelados amarillentos y luces fosforescentes evoca antigüedad y falsa comodidad; las puertas, escaleras y paredes que chocan torpemente con muebles y objetos truncos a veces sugieren intervenciones artísticas, a veces una realidad ensamblada por inteligencia artificial, fotocopiada y estúpidamente reconstruida al punto de corromperse su significado.

La película viene a minar efectivamente temores primitivos – a perderse, al encierro, a un tipo de amenaza invisible o incomprensible – en la medida que sostiene el ardid del found footage y compone cuadros espeluznantes por todas las contradicciones que sugieren; es mucho menos exitosa a la hora de explorar su chata mitología o trabajar el aspecto psicológico de la historia, que es de una tremenda banalidad. Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve están a cargo de plantear y resolver una serie de conflictos emocionales tan genéricos y tan desentendidos de la acción que hay poco que los dos, actores nominados al Oscar, pueden hacer al respecto.

En vez de elegir estilo por sobre algo más substancial, Parsons atesora la atmósfera por sobre la sustancia en su primer largometraje.

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