2026-05-26

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Crítica de “Futuro desierto”: Lucía Puenzo entre la IA y el miedo a la diversidad

La ciencia ficción suele imaginar futuros dominados por máquinas, algoritmos y avances tecnológicos fuera de control. Sin embargo, en Futuro desierto, la producción mexicana protagonizada por José María Yazpik y creada por Lucía Puenzo y su hermano Nicolás, pone el foco en algo mucho más incómodo: los prejuicios humanos.

La serie de seis episodios presenta un escenario inquietante en el que la empresa FUZHIPIN desarrolla robots capaces de reemplazar familiares fallecidos. Estos androides —conocidos como ANBIs— forman parte de un programa experimental diseñado para aliviar el dolor y cubrir vacíos emocionales. Pero, como suele ocurrir en las distopías contemporáneas, la innovación rápidamente se convierte en amenaza.

Futuro desierto se mueve dentro de códigos clásicos de la ciencia ficción. Resulta imposible no encontrar ecos con Blade Runner (1982), A.I. (2001) o Ex Machina (2014). Las referencias aparecen tanto en la estética como en los dilemas filosóficos vinculados a la humanidad de las máquinas. Sin embargo, la serie no alcanza la profundidad conceptual ni la potencia visual de esos clásicos del género.

Lo interesante de Futuro desierto es cómo utiliza la inteligencia artificial para hablar de exclusión social. Puenzo dirige la mirada hacia las reacciones humanas frente a aquello que consideran diferente. Los robots generan miedo por su capacidad tecnológica pero también porque desafían las normas establecidas sobre identidad, empatía y convivencia.

Como ya ocurrió en XXY (2007) y El niño pez (2009) de Lucía Puenzo, el eje central vuelve a ser la relación conflictiva entre la sociedad y aquello que escapa de la norma. Si en trabajos anteriores la directora exploró cuestiones vinculadas a la identidad de género y lo trans, aquí traslada esa preocupación al terreno de lo transhumano. La serie plantea que el problema no reside en el diferente, sino en quienes son incapaces de aceptar la diversidad.

Otro elemento clave del relato es su lectura sobre las estructuras de poder. Los médicos y científicos son representdos por hombres, mientras que los robots adoptan formas femeninas o de otra minoría social. La decisión no parece casual si pensamos que las distintas inteligencias artificiales son diseñadas para obedecer, acompañar y satisfacer necesidades emocionales humanas.

En ese sentido, la serie dialoga con debates actuales sobre desigualdad de género, representación femenina en la tecnología, ética de la inteligencia artificial y discriminación hacia lo diferente.

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