Festival de Cine de las Alturas 2026 - Película de Apertura
Crítica de "Cielo": Alberto Sciamma entre el realismo mágico y el duelo
Cielo (2025), de Alberto Sciamma, historia sigue a Santa (Fernanda Gutiérrez Aranda), una niña boliviana de ocho años que, después de un episodio que altera por completo su vida familiar, emprende una travesía convencida de que puede devolverle la vida a su madre. Para lograrlo debe llegar al Cielo, un destino que para ella existe con la misma certeza con la que existen los recuerdos o las promesas. A partir de ese punto, el film se transforma en una road movie iniciática donde la lógica infantil y la realidad avanzan por caminos paralelos.
Durante ese viaje, Santa atraviesa salares, rutas desiertas y pequeños pueblos donde se cruza con personajes que parecen entrar y salir de una dimensión intermedia entre el mundo real y el universo de los cuentos populares: un sacerdote atravesado por el desencanto, un policía que encuentra en la niña una posibilidad de reparar su propia vida y un grupo itinerante de luchadoras que interrumpe el recorrido y modifica su rumbo. Sciamma construye así una estructura episódica donde cada encuentro funciona como una estación dentro de una búsqueda más amplia.
La película convierte el paisaje boliviano en parte del relato. Las montañas, los caminos de tierra y las salinas dejan de ser un escenario y adquieren una función narrativa. La fotografía trabaja sobre colores que dialogan con referencias del arte popular y la música incorpora sonidos andinos que acompañan el desplazamiento físico y emocional de la protagonista. Hay momentos en que la sensación es la de estar frente a una historia oral trasladada a imágenes, como si alguien la estuviera narrando mientras la memoria completa los espacios vacíos.
En el centro de ese universo aparece Fernanda Gutiérrez Aranda, cuya presencia sostiene gran parte de la película. Su interpretación mantiene a Santa en un lugar reconocible y evita que quede reducida a una figura simbólica. Mientras a su alrededor circulan peces que aparecen y desaparecen, situaciones que alteran las reglas de la realidad y personajes que adquieren dimensiones casi rituales, ella conserva una forma de mirar el mundo donde todavía no existen límites claros entre lo posible y lo imaginado.
Sin embargo, Cielo también deja expuesta una tensión narrativa. El realismo mágico suele apoyarse en aquello que la literatura sugiere; trasladar ese mecanismo a las imágenes exige otro equilibrio. En algunos tramos, la acumulación de símbolos y metáforas comienza a ocupar un espacio que el relato podría haber destinado a sus personajes. Aun así, la película encuentra un punto de interés en esa contradicción: la historia de una niña que intenta ordenar el dolor utilizando las herramientas que tiene a mano, incluso cuando esas herramientas son una creencia, un recuerdo o la certeza de que todavía existe un lugar donde algo perdido puede regresar.