Salas
Crítica de “El bufón 2”: El regreso del mago psicópata
El director y guionista Colin Krawchuk retoma el universo iniciado en su corto de 2016, convertido en un largometraje algo fallido en 2023, y lo expande con El bufón 2 (The Jester, 2025). Una secuela con mayor ambición visual, más creatividad en los asesinatos y un mejor control del tono.
Enmarcada dentro del resurgimiento del slasher independiente, la película despliega una estética que remite al cine de terror de los años setenta, con una paleta dominada por rojos y azules que construye una atmósfera opresiva y, por momentos, onírica. En ese sentido, se perciben ecos del clima de Halloween (1978), la construcción psicológica de Joker (2019) y el espíritu visceral de Terrifier (2016), aunque el film logra diferenciarse al incorporar un elemento distintivo: la magia como motor del crimen.
El gran atractivo vuelve a ser su villano (Michael Sheffield), un bufón silencioso y perturbador que combina rasgos de mimo y mago en una figura que oscila entre lo humano y lo sobrenatural. Su modus operandi se organiza a partir de un truco de cartas y una vela encendida por cada víctima engañada. La premisa obliga al asesino a completar cuatro muertes durante la noche de Halloween antes de que la llama se extinga.
Pero la situación se le complica al psicópata enmascarado cuando aparece Max (Kaitlyn Trentham), una joven aprendiz de magia con cartas. Este cruce la empuja a convertirse a ella, bajo la supervisión del bufón, en ejecutora involuntaria de los trucos que condenan a las víctimas. En una alianza extraña, ella oscila entre víctima y victimaria del temerario mago de la noche de brujas.
La creatividad del film reside, como en todo relato de serial killer, en sus asesinatos, diseñados como extensiones de trucos de magia que funcionan tanto como espectáculo como trampa mortal. Estas secuencias se integran orgánicamente al universo del personaje, reforzando su identidad como un asesino que convierte cada muerte en una puesta en escena. A esto se suma un trabajo formal que incluye planos aberrantes, silencios incómodos y risas perturbadoras, elementos que contribuyen a generar inquietud sin necesidad de recurrir constantemente al golpe de efecto.
El bufón 2 juega así con toques de humor negro que alivian la carga terrorífica y habilitan la fantasía pesadillesca propuesta. Sin embargo, la película no termina de ser plenamente terrorífica ni se entrega por completo a la parodia, optando por un equilibrio que limita su impacto.
Dicho esto, Colin Krawchuk construye un slasher eficaz que corrige los puntos débiles de su predecesora sin traicionar su esencia. El espíritu asociado a los slashers de antaño funciona gracias al componente sobrenatural de la magia y a un villano con potencial para convertirse en ícono del terror contemporáneo. No reinventa las reglas del género, pero demuestra que todavía es posible barajar las cartas y dar de nuevo.