Salas
Crítica de "Lo habrás imaginado": la verdad como construcción y la mentira como sistema
En Lo habrás imaginado (2019), Victoria Chaya Miranda retoma y expande una línea de trabajo donde el cine de género deja de ser un marco formal para convertirse en un dispositivo de lectura sobre la violencia social. Esa operación se traduce aquí en un thriller de denuncia que se organiza alrededor de una mujer, interpretada por Diana Lamas, cuya vida queda atravesada por una red de trata en la que intervienen vínculos de cercanía. El desplazamiento respecto de su película anterior es claro: si allí la noche funcionaba como territorio donde circulaban la prostitución y la violencia, en esta propuesta ese mapa se reubica en el interior de una familia acomodada de Buenos Aires, donde lo doméstico deja de ser refugio para volverse escenario de ocultamiento.
En paralelo, la investigación que lleva adelante el personaje de Carlos Portaluppi introduce otra capa narrativa. Su recorrido lo empuja hacia zonas institucionales atravesadas por pactos de silencio y mecanismos de encubrimiento. La película articula así dos trayectorias que convergen en un mismo punto: la dificultad de acceder a la verdad en un entramado donde las responsabilidades se diluyen y las consecuencias recaen sobre quienes menos herramientas tienen para comprender lo que les ocurre. Abril, en ese sentido, no es solo el centro del relato sino también el punto de fricción entre esas dos dimensiones.
El conjunto de personajes, interpretados por Gustavo Pardi, Mario Pasik, Esteban Prol, Osmar Núñez y María Ibarreña, configura una red donde la lógica de ocultar y revelar organiza las relaciones. Esa estructura coral no dispersa el relato sino que lo densifica, acercándolo por momentos al drama procedimental sin abandonar su inscripción en el thriller.
El guion de la propia Chaya Miranda construye su progresión desde una perspectiva de género que no se enuncia como consigna, sino que estructura las decisiones narrativas. La tensión se organiza de manera ascendente y encuentra en las escenas de acción un recurso para sostener el ritmo. Allí donde algunas resoluciones tienden a condensar situaciones que pedían mayor desarrollo, el film reafirma su eje en la exposición de las redes de encubrimiento y en la forma en que esas tramas capturan a las víctimas, muchas veces sin que estas logren dimensionar el alcance de lo que las rodea.
La intervención del personaje interpretado por Susana Varela introduce un quiebre en esa lógica. Su aparición no responde a una función accesoria, sino que reconfigura el recorrido del personaje central y reafirma el punto de vista desde el que la película organiza su cierre.
En paralelo, la puesta aborda el abuso intrafamiliar a través del vínculo con el tío del personaje, encarnado por Pasik. La cámara se detiene en esos momentos sin construirlos como espectáculo, y en ese gesto aparece una de las operaciones más precisas del film: señalar una práctica extendida en distintos ámbitos familiares sin recurrir a su explotación narrativa.
Las interpretaciones de Diana Lamas y Carlos Portaluppi sostienen el desarrollo del relato, acompañadas por un elenco que aporta consistencia a ese entramado. La puesta en escena, por su parte, articula secuencias de acción con un diseño de arte que acompaña la progresión dramática sin imponerse sobre ella.
En ese cruce entre género, denuncia y conflicto íntimo, Lo habrás imaginado se inscribe como una pieza que dialoga tanto con las tradiciones del thriller como con las tensiones del campo audiovisual local. También puede leerse como un gesto dentro del sistema de producción: una película que disputa un territorio históricamente asociado a directores varones y que, al hacerlo, no solo interviene sobre lo que narra, sino también sobre las condiciones en las que ese relato se vuelve posible.