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Crítica de "La tierra del pecado": un noir nórdico sobre tierra, familia y ley
La tierra del pecado (Synden, 2026) sitúa su relato en la península de Bjäre, al sur de Suecia. La muerte del adolescente Silas en una granja activa una investigación que pronto se corre del procedimiento policial para internarse en un entramado familiar. La inspectora Dani (Krista Kosonen), con un vínculo previo con la víctima, queda a cargo del caso junto a Malik (Mohammed Nour Oklah), un agente recién graduado. El recorrido inicial funciona como acceso a un sistema social cerrado, donde el silencio tiene peso propio.
La serie se inscribe en el noir nórdico al desplazar el conflicto hacia un territorio rural. El campo no aparece como refugio ni como postal, sino como espacio de control, herencia y jerarquía. La tierra se vuelve un bien disputado y, a la vez, una carga. El relato muestra cómo las relaciones familiares sostienen un orden que ya no ofrece respuestas frente a un presente atravesado por economías ilegales y nuevas formas de violencia.
Dani no se construye como figura distante: su implicación personal tensiona cada avance del caso. Malik, en cambio, opera como observador en aprendizaje, lo que permite contrastar miradas y métodos. En el centro del conflicto aparece Elis, patriarca que administra la ley del lugar y fija un ultimátum que desplaza la investigación hacia un límite ético. Cada personaje arrastra una historia que condiciona sus decisiones.
Peter Grönlund opta por una puesta en escena austera, con encuadres que priorizan espacios abiertos y tiempos muertos. La narración avanza a partir de lo que no se dice: miradas, silencios y omisiones organizan la tensión. El thriller se construye menos desde la acción que desde la fricción entre personajes. El paisaje agrícola, filmado sin énfasis, acompaña esa lógica de desgaste y encierro.
En La tierra del pecado, el crimen es apenas el disparador para observar cómo operan la pertenencia, la culpa y la transmisión del poder. El resultado es una serie que se sostiene por su coherencia narrativa y por una mirada que prioriza las relaciones sociales por sobre el misterio en sí.