Salas
Crítica de “Five Nights at Freddy’s 2”: la decepción de los animatronics
La primera Five Nights at Freddy’s (2023) no fue una obra maestra ni una joya del terror contemporáneo, pero al menos propuso una premisa interesante: el vínculo oscuro con la figura paterna y el origen del mal. Había un peso dramático sobre el protagonista y un tono más sombrío y adulto que, además, coqueteó con lo familiar, logrando una recaudación asombrosa -con un presupuesto de 25 millones de dólares, superó los 300 millones-. Esta esperada secuela, en cambio, se dispersa entre múltiples subtramas y vuelve obvia cada una de sus decisiones argumentales. Acá no hay misterio: todo está servido sobre la mesa, casi como un animatronic configurado para no incomodar.
En esta nueva entrega el eje se desplaza hacia Abby (Piper Rubio), la hermana de Mike (Josh Hutcherson), y su vínculo con Chica, priorizando la relación de la niña con los animatronics luego del cierre de la primera película. Podría haber sido una profundización interesante dentro de la mitología del videojuego, pero el film elige un camino excesivamente infantil e ingenuo. El terror físico es inexistente: no hay sangre, no hay amenaza real, no hay tensión corporal ni sensación de peligro frente a los muñecos. El suspenso se reemplaza por jumpscares básicos y resoluciones demasiado sencillas, que revelan falta de ideas y de riesgo narrativo.
El guion no logra construir una atmósfera densa -algo que sí proponía la original- y se refugia en frases repetidas (“quiero saber qué hay dentro de tu cabeza”, metafórica y literalmente) y en decisiones que subestiman al espectador. Sabemos que es imposible que te alcance un animatronic corriendo y, aun así, sucede. Lo que en la primera se vivía como un universo siniestro, lúdico y opresivo, acá se siente superficial, disperso y casi disociado. La trama escolar de Abby -con potencial visual, divertido y dramático- queda en anécdota, y las participaciones de Skeet Ulrich (Scream) y Wayne Knight (Jurassic Park) se desaprovechan por completo, como si sus personajes estuvieran ahí solo para ocupar un casillero de renombre en el elenco.
La resolución final -y también lo que hacen con el personaje de Elizabeth Lail (La hora de tu muerte)- es lo más problemático: contradice los códigos de las sagas de terror y abre una polémica puerta que el propio universo parece no estar listo para cruzar. El resultado no le hace justicia al material original. El videojuego creado por Scott Cawthon en 2014 generaba una atmósfera opresiva basada en la tensión, la observación y el miedo a lo que no se ve. Esa esencia -mirar cámaras, esperar, intuir, temer- se pierde casi por completo, reemplazada por un despliegue más cercano al cine de aventuras que al terror sobrenatural.
Five Nights at Freddy’s 2 (2025) quiere ser accesible, pero termina siendo liviana. Intenta complacer y, en esa tentativa, decepciona. Subestima al público para no incomodarlo. Y, aunque cumple en lo básico, termina traicionando aquello que hacía atractiva a la primera: el misterio en la sombra, la oscuridad de lo que se insinúa y no el susto vacío y predecible puesto en primer plano.