2025-11-29

Salas de España

Crítica de “Singular”: duelo, inteligencia artificial y el límite de lo humano

La segunda incursión cinematográfica de Alberto Gastesi, Singular (2025), irrumpe en el mapa del cine español con una combinación que articula ciencia ficción, inteligencia artificial y un drama íntimo atravesado por el duelo. La película instala una reflexión sobre la recuperación de las emociones en un contexto donde lo tecnológico amenaza con reemplazar lo humano, pero también expone sus límites.

La historia se inicia con un registro realista antes de desplazarse hacia un territorio donde la lógica cotidiana se desarma. El concepto de “singularidad” —ese punto donde lo conocido deja de responder a reglas previsibles— se traslada al vínculo entre Diana, profesora e investigadora en robótica, interpretada por Patricia López Arnaiz, y su exmarido, interpretado por Javier Rey. El reencuentro, motivado por una pérdida compartida, introduce un juego temporal que repliega el relato sobre sí mismo.

El film se organiza como un cuento de resonancias simbólicas, donde los traumas retornan convertidos en presencias que desdibujan la frontera entre memoria y percepción. La casa familiar, el bosque y el lago funcionan como un ecosistema aislado que sostiene la tensión narrativa. Gastesi construye un clima sostenido a partir de un esquema visual y sonoro que convierte el paisaje en un elemento activo, encargado de acompañar el recorrido emocional de los protagonistas.

En ese marco, la actuación de López Arnaiz articula la dimensión científica y la íntima, mientras que Javier Rey complementa el contrapunto necesario para profundizar la deriva del recuerdo y la persistencia de los vínculos rotos. La dinámica entre ambos sostiene el núcleo dramático del film, apoyado en el interrogante sobre cómo se procesa el dolor cuando la tecnología aparece como vía de escape.

Singular propone una reflexión directa sobre los límites de la inteligencia artificial aplicada a experiencias humanas irreductibles. El duelo no admite algoritmos ni correcciones de precisión; opera por capas, retrocesos y silencios. Diana, habituada a trabajar con IA, se enfrenta a la imposibilidad de externalizar su propio proceso emocional y, en esa contradicción, el drama se vuelve más expresivo que cualquier dispositivo.

Hacia el final, la película adopta una estructura que abraza la ciencia ficción de manera más definida y explicita su mecanismo narrativo. Ese giro puede percibirse como un movimiento que busca ordenar las piezas del bucle temporal, aunque introduce una resolución más verbal que conceptual. Aun así, el dispositivo general mantiene consistencia y no anula el efecto acumulado.

Singular se distancia de los formatos previsibles y trabaja la idea del dolor como un componente irrenunciable de la experiencia humana. En ese sentido, propone un recorrido que oscila entre la investigación científica y la exploración afectiva, para preguntarse por qué insistimos en vivir, amar y desear incluso cuando todo proceso implica una forma de pérdida.

Te puede interesar