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Crítica de “Drop: Amenaza Anónima”: Meghann Fahy y una cita de terror
Drop: Amenaza Anónima (Drop, 2025) sigue a Violet, una madre viuda que, tras un largo tiempo sin citas, se siente gratamente sorprendida por su encantador y atractivo pretendiente, Henry. Sin embargo, su incipiente química se ve amenazada cuando Violet comienza a recibir mensajes anónimos aterradores en su teléfono. Estos mensajes la obligan a guardar silencio y a seguir instrucciones bajo la amenaza de que una figura encapuchada, vista en las cámaras de seguridad de su casa, asesinará a sus seres queridos.
Al igual que en sus trabajos anteriores, Landon presenta una propuesta innovadora que se inclina hacia el thriller psicológico, aunque con elementos que recuerdan a Vuelo Nocturno (Red Eye, 2005) de Wes Craven, especialmente por los juegos mentales y la ambientación en un espacio limitado. A pesar de su seriedad inicial al plantear una situación de acoso, la película opta por un tono ligero, incorporando situaciones inverosímiles con toques de comedia para aliviar la tensión. Curiosamente, las reacciones de los personajes se mantienen realistas, creando un contraste con lo extremo de la situación.
Durante los dos primeros actos, la narrativa construye una tensión palpable, evitando clichés y momentos forzados, generando claustrofobia y ansiedad con recursos sutiles que fomentan el misterio. En este punto, la aplicación Airdrop, vehículo de las amenazas, se convierte en un personaje más, incluso como una alegoría de los pensamientos intrusivos y la ansiedad de Violet en una primera cita.
El ritmo dinámico y el efectivo manejo de la tensión en los dos primeros actos contrastan con un tercer acto donde las acciones del acosador, su revelación y los giros de guion se vuelven repetitivos y agotadores para el espectador y los protagonistas, quienes parecen estancarse en situaciones poco creíbles y actuar de forma automática. El clímax marca un cambio de género hacia la acción, con secuencias irreales que buscan reactivar el interés del espectador.
Visualmente, la película logra generar claustrofobia y tensión, destacando secuencias que adoptan el punto de vista de Violet para mostrar los mensajes del acosador en pantalla. Este recurso resulta atractivo y ofrece una perspectiva innovadora sobre el uso de la tecnología en la trama.
A pesar de un prometedor inicio y una propuesta creativa en algunos aspectos, Drop: Amenaza Anónima se tambalea debido al desarrollo superficial de ciertas situaciones importantes y a su excesiva inclinación hacia la comedia.