2025-04-09

Gaumont

Crítica de "Vinchuca": Una película que quiere decir mucho y termina diciendo poco

La frontera, en Vinchuca (2024) de Luis Zorraquín, no aparece solo como división territorial. Funciona como espacio de tránsito, cruce forzado, zona donde las reglas cambian según la necesidad. La historia gira en torno a Nelson, un adolescente que abandona la escuela para contrabandear celulares entre Argentina y Brasil. Cuando la policía lo detiene y lo involucra en una causa por narcotráfico, se ve forzado a colaborar como informante en una operación encubierta. El punto de partida plantea un conflicto concreto, pero con el correr de los minutos, la película pierde dirección narrativa.

Nelson (Fernando Vergara) vive en un contexto donde el control es irregular y las figuras de autoridad están ausentes o desplazadas. Sin un padre, encuentra refugio en la danza. Sin certezas, recurre a la mentira como forma de supervivencia. Su rutina se define por la improvisación. El personaje transita entre la obediencia forzada y el deseo de encontrar un lugar propio, en un entorno donde cada vínculo implica un riesgo.

El relato articula dos trayectorias paralelas. Por un lado, Nelson debe insertarse en la vida cotidiana de la familia de un presunto narco. Por otro, Gustavo, un gendarme, asume el rol de tutor sin herramientas ni disposición para ello. La relación entre ambos no alcanza a funcionar como motor del conflicto. La convivencia, planteada como foco dramático, no avanza más allá de escenas puntuales que no acumulan tensión ni evolución emocional.

El film transita zonas del cine policial y del relato juvenil sin comprometerse del todo con ninguno de esos registros. La figura de Jara, el supuesto líder narco, se mantiene al margen. Las interacciones con sus hijas, Carol y Débora, cumplen una función operativa más que narrativa. Las escenas de mayor proximidad, que deberían generar desplazamientos internos en Nelson, no se sostienen desde la progresión dramática. La tensión, en lugar de incrementarse, se dispersa.

Vinchuca incorpora temas como la corrupción institucional, los límites de la educación en zonas de frontera y los modelos fallidos de paternidad, pero no profundiza en ninguno. Las subtramas se acumulan sin derivar en transformaciones concretas. El conflicto principal se diluye entre desvíos argumentales y resoluciones ambiguas.

Lo que propone la película es una mirada sobre el vínculo entre adolescencia, control estatal y desamparo. En ese marco, intenta explorar cómo se construyen identidades bajo vigilancia, sin referentes estables. Sin embargo, la ejecución no logra sostener la tensión interna del relato. Las decisiones narrativas rompen la continuidad de los procesos y los personajes no alcanzan un arco claro. La película deja en evidencia su intención, pero no logra integrarla en una forma eficaz.

Zorraquín plantea preguntas sobre adolescencia, autoridad y desamparo en contextos marginales, pero no logra articular esos elementos en una estructura coherente. La tensión se diluye, los vínculos no se desarrollan y los conflictos se resuelven sin consecuencias narrativas claras. La intención está, pero el relato no encuentra una forma que le dé consistencia.

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