Max
Crítica de “El club de los vándalos”, la era de los motociclistas con Austin Butler, Jodie Comer y Tom Hardy
La película El club de los vándalos (The Bikeriders, 2023) escrita y dirigida por el talentoso Jeff Nichols -Mud (2012), Take Shelter (2011), Midnight Special (2016), Loving (2016)- es una transposición del libro homónimo de fotoperiodismo de Danny Lyon, que contiene fotografías y entrevistas a los integrantes del club de motociclistas Outlaws Motorcycle Club. En el filme, se representa el club con el nombre ficticio de “Los Vándalos”, originario de los suburbios de Chicago. La narración mantiene el espíritu del carácter documental de los registros de Lyon, mediante una cuidada ambientación y lograda caracterización de época, que acompaña la actitud y modos de comportamiento de esa peculiar comunidad de motoqueros. Asimismo, Nichols tiene respeto por su fuente de inspiración, que Danny Lyon es uno de los personajes en esta historia, interpretado por Mike Faist -Desafiantes (Challengers, 2024), Amor sin barreras (West Side Story, 2021)- cuyas entrevistas en el relato van de 1965 a 1973.
La narración es delegada en el personaje de Kathy (Jodie Comer), que es la voz conductora de este relato con vaivenes temporales, entrevistada por el joven Danny. Kathy es una joven de clase media, que con su acento sureño nos relata su encuentro con el Club de los Vándalos. Aunque en un inicio Kathy tiene rechazo por ese grupo de hombres, se siente atraída e intrigada por uno de sus integrantes, Benny, interpretado de forma solemne y magnética por Austin Butler, cuya fotogenia es resaltada en cada plano. A pesar de no tener nada que ver con ese mundo, a través de la atracción por Benny, Kathy es sumergida en ese ambiente y formando parte de ese peculiar microcosmos que son “Los Vándalos”.
El grupo que funciona como una hermandad, es liderado por Johnny (Tom Hardy), su fundador, a quien todos respetan y obedecen. Tal como se escenifica en el filme, Johnny obtuvo la idea de fundar el club de motociclistas, tras ver el largometraje El salvaje (The Wild One, 1953), protagonizado por Marlon Brando, cuyo personaje también se llama Johnny. Mientras El salvaje se ubicaba en una escenografía de estudios que realzaba su carácter ficcional y artificial -recordemos que la película comenzaba con el lema “…Esta historia nunca podría suceder en la mayoría de las ciudades estadounidenses. Es un desafío público no permitir que vuelva a suceder”- queriendo diferenciar el mundo ficcional de la realidad, El club de los vándalos representa oponiéndose a la frase recién citada, que esa historia si es posible y por ende, lejos de los sets acartonados, el filme actual intenta en cierto modo documentar que este tipo de “rebeldía” si tuvo lugar en la historia.
Por otro lado, mientras actualmente podríamos leer la masculinidad personificada por ambos Johnny como “tóxica”, lo cierto es que mientras el Johnny de 1953 es incapaz de mostrar afecto físico y exponer sus verdaderos sentimientos, el Johnny del presente filme es un hombre sensible, con una familia constituida, quien además valora la fraternidad y tiene peculiar devoción por Benny. Nuevamente la relación intertextual con El salvaje se resignifica, si el personaje de Johnny (Hardy) remite al de Marlon Brando, quizás el de Benny (Butler), alude al introspectivo James Dean. Lo cual resuena en un tercer nivel simbólico, porque Darwin Porter y Danforth Prince autores de “James Dean: Tomorrow Never Comes” sostienen que Brando y Dean mantenían una relación sadomasoquista secreta, en la que Marlon era el “amo” y James el “sumiso esclavo”, algo también expuesto en el libro “Hollywood Babilonia”.
En consecuencia, se conforma una especie de triángulo sentimental entre Johnny, Benny y Kathy, donde esa valoración fraternal desmedida puja con el vínculo amoroso entre Benny y Kathy. Porque aquello mismo que en un comienzo sedujo a Kathy de Benny, será lo mismo que ella va a querer cambiar más adelante. Tanto en El club de los vándalos como en El salvaje, el líder de la pandilla de motociclistas se llama Johnny y la protagonista femenina se llama Kathy. En ambos casos queda claro que el mundo de las pandillas de motociclistas resulta atractivo y seductor, pero al mismo tiempo peligroso para las mujeres, porque estos hombres operan en manada, lo que queda en evidencia tanto cuando Kathy conoce a todos en el bar (su desenlace en moto recrea en una escena del filme del '53) y en otra secuencia donde casi es violada por un grupo de hombres de otra pandilla.
En sus obras Nichols se preocupa por contar historias manteniéndose muy cerca de los personajes, sin juzgarlos. El realizador construye entonces retratos de vida que lejos de ser planos, poseen varias aristas que los hacen interesantes. Esboza retratos íntimos de cada uno de los personajes de “Los Vándalos”, demostrando que sin dudas sabe captar la atención del espectador. Otro estilema presente en sus películas es que estas suelen estar ambientadas lejos de las grandes urbes, lo que también le permite construir esa calma para poder mostrar a los personajes con calma y desde cerca. Ejemplo de ello, es el conmovedor testimonio del personaje de Zipco, interpretado por Michael Shannon, actor fetiche del director.
“Los Vándalos”, funciona en cierta forma como el crimen organizado (por momentos se asemeja a una mafia), y por ende no resulta extraño que, como si fuese una película de Scorsese, se desarrolle su ascenso y brutal caída. Y al igual que en los filmes sobre gangsters, los códigos y el sentido de pertenencia son fundamentales. Porque “no pertenecen a ningún lado por separado, pertenecen estando juntos”. El club de los vándalos esboza el deseo de construir un estilo de vida ajeno a las normas sociales del sistema, de no ser meros seres productivos -en el sentido capitalista del término- aunque hay cierta idealización por este club de motociclistas que tiene su auge en los '60s.
Por último, el retrato de aproximadamente una década de este club de motociclistas se preocupa por dar cuenta también del cambio de los comportamientos y del contexto socio-cultural norteamericano. Ese cambio de paradigma es representado en el filme por la transición de los “vándalos” hacia los “renegados”, donde surge una nueva generación rota, que cargadas de hostilidad que absorben del mundo frustrante que los rodea, deciden desquitar todo ese resentimiento con mera criminalidad. En esa transición también el consumo ya no alcanza con el alcohol, sino que se recurre a las drogas duras, y se mata, pero a partir de ahora sin códigos fraternales, ni lealtad alguna. En consecuencia, El club de los vándalos atestigua un cambio de época, donde ya no hay una posición filosófica ante el sistema al cual rebelarse -mediante el personaje de Funny Sonny se cita al filme Easy Rider (1969)-, sino una escalada de violencia y brutalidad, evidenciando el fin de una era.