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Crítica de “La lección de piano”: Samuel L. Jackson y John David Washington y las consecuencias de la esclavitud
La lección de piano (The Piano Lesson, 2024) es la ópera prima de Malcolm Washington (hijo del reconocido actor Denzel Washington), quien además de dirigir, escribió el guión realizando una transposición de la obra de teatro homónima de 1987. No es casual que la pieza teatral -ambientada en la década del ´30- sea de August Wilson, el mismo autor de la obra Fences (1985) -situada en la década del ´50- que también tuvo su transposición cinematográfica en 2016, con dirección de Denzel Washington, quien coprotagonizó el filme junto a Viola Davis. Ambas piezas teatrales forman parte del ciclo de Pittsburgh, donde cada una de las obras se ubica en una década distinta y describen la situación de la comunidad afroamericana en el siglo XX.
El texto dramático de Wilson (admirador de la literatura de Jorge Luis Borges) se inspiró como punto de partida en la pintura de Romare Bearden titulada “The Piano Lesson” (1983), para posteriormente hipotetizar sobre las posibilidades de la comunidad afroamericana de “adquirir un sentido de autoestima al negar el pasado”, lo que le valió un premio Pulitzer. La trama ambientada en Pittsburgh en 1936, durante las secuelas de la Gran Depresión norteamericana, presenta a una familia afroamericana que debate sobre el destino de una valiosa reliquia familiar, un piano que fue construido y tallado a mano por uno de sus antepasados, víctima de la esclavitud racial.
El filme inicia con un prólogo contextualizado en 1911 en Misisipi, para luego situar la acción veinticinco años después en Pittsburg en la casa donde viven Doaker Charles (interpretado por Samuel L. Jackson, quien representó el mismo papel en la obra de teatro en reiteradas ocasiones, que datan desde 1987) y Berniece Charles (Danielle Deadwyler) quienes reciben la visita del hermano de Berniece, Boy Willie Charles (interpretado por el hermano del director John David Washington, quien también encarnó el mismo personaje en la representación teatral del 2022).
La tensión en la casa y entre los hermanos crece porque Boy Willie quiere vender el piano familiar para poder comprar tierras de cultivo (la tierra del señor Sutter, donde sus antepasados trabajaron como esclavos), cuando por otro lado, Berniece no está de acuerdo porque desea conservar el instrumento realizado a mano por uno de sus ancestros quien talló los rostros familiares. En cierta forma el piano y sus grabados construyen una narrativa histórica de la familia en cuestión. Entonces, mientras ambos debaten cuál es la mejor forma de aprovechar su legado o qué hacer con el mismo, el realismo mágico se hace presente en el relato mediante la presencia fantasmagórica del Sr. Sutter y su misteriosa muerte. Presencia que es lo suficiente contundente con elementos de la casa como para asustar a diferentes miembros de la familia.
Además del componente del realismo mágico, la película posee algunos logrados momentos musicales, que resultan pertinentes y emocionantes. La puesta en escena es muy teatral, es decir que mantiene sus ritmos y estructura, y no exagera con los recursos cinematográficos. Quizás una cuestión negativa es que tanto perceptivamente como a nivel temporal resulta algo extensa, la película dura aproximadamente dos horas y se sienten.
El largometraje posee un enfoque interesante y espiritual sobre las consecuencias a largo plazo de la esclavitud norteamericana. Si bien ya existe una transposición audiovisual previa de la pieza teatral también titulada The Piano Lesson (1995), un filme televisivo, este tipo de relatos sobre minorías sociales tienen poca difusión, por ende, nunca está demás la recirculación de dichos textos para las nuevas generaciones. Tal como planteó Samuel L. Jackson en una entrevista reciente: “siento la responsabilidad de que la ´Black literature´ (literatura de autores negros) se mantenga relevante, de que la gente sepa quiénes eran estos autores, de que sean tan relevantes como Shakespeare”.