2024-08-16

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Crítica de "No puedo vivir sin ti": Cuando la adicción al celular de Adrián Suar arruina el cine familiar

La adicción al celular es el tema central de No puedo vivir sin ti, dirigida por Santiago Requejo (Votamos, 2021) y protagonizada por Adrián Suar y la española Paz Vega. La película sigue la vida de un hombre cuya estabilidad familiar comienza a desmoronarse debido a su dependencia al teléfono móvil.

Carlos (Suar en modo Suar), un ejecutivo de mediana edad, ha convertido su teléfono inteligente en una extensión de su cuerpo. Sus días se desvanecen entre correos electrónicos, videollamadas y reuniones virtuales que parecen no tener fin. El trabajo ha absorbido cada aspecto de su vida, relegando a un segundo plano su relación con Adela (Vega), su esposa. A pesar de sus intentos por mantener un equilibrio, la dependencia de Carlos al móvil lo ha aislado de su entorno más cercano.

El punto de quiebre llega cuando Adela, cansada de ser ignorada y de vivir en la sombra de un dispositivo, le anuncia que quiere divorciarse. Para Carlos, la noticia es un golpe devastador que lo obliga a confrontar una realidad que había estado evitando. Su vida perfecta, construida sobre la base de una carrera exitosa, se desmorona ante la amenaza de perder lo que realmente importa.

Desesperado por salvar su matrimonio y recuperar el control de su vida, Carlos se embarca en una búsqueda de soluciones. Es así como descubre una terapia revolucionaria diseñada para personas como él: adictos al teléfono móvil. La promesa de esta terapia es liberarlo de su dependencia y permitirle reconectar con el mundo real, pero el camino hacia la recuperación será más difícil y revelador de lo que él esperaba. Carlos deberá enfrentarse no solo a su adicción, sino también a las profundas razones detrás de su necesidad de escapar a través de la pantalla.

Desde el principio, No puedo vivir sin ti muestra su talón de Aquiles: un guion endeble que no aporta nada nuevo al tema que propone. La trama avanza de manera lineal y predecible, siguiendo los pasos típicos de una comedia romántica sin aportar elementos disruptivos o sorprendentes. La falta de originalidad se evidencia en su "dependencia" de clichés y situaciones recurrentes, que hacen que la película se sienta repetitiva y poco inspirada. A pesar de contar con escenarios naturales en Bilbao, Getxo y Santurtzi, no logra aprovechar estos lugares para enriquecer la narrativa. Los personajes, aunque bien interpretados por un elenco secundario experimentado, carecen de desarrollo y complejidad, lo que limita su capacidad para generar empatía en el espectador.

La comedia en No puedo vivir sin ti es otro punto débil. Los chistes y gags se sienten repetitivos y forzados, incapaces de arrancar una risa genuina. En lugar de ofrecer una mirada inteligente sobre cómo la tecnología afecta nuestras vidas, la película se conforma con situaciones superficiales y una historia que recuerda a comedias pasadas como El futbol o yo (2017) sin añadir nada significativo.

Lo que queda es una historia que, a pesar de sus buenas intenciones, no logra escapar de los caminos trillados, dejando al espectador con la sensación de haber invertido su tiempo en una película tan prescindible como un "teléfono móvil".

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