2009-09-08
El cine que entretiene
La piedra mágica
Una piedra de varios colores capaz de cumplir los deseos de cualquier humano va a deambular de mano en mano a través de los diferentes episodios que componen el film. Siguiendo los tópicos del cine de aventuras habrá buenos, malos, un científico loco, un empresario ambicioso y un sinfín de personajes que matizarán la historia desde los diferentes ámbitos.
El realizador elige contar la historia en forma episódica, pero no desde una manera lineal sino rompiendo con la sucesión e invirtiendo los capítulos. El primer indicio para adentrarnos en esta forma narrativa es la de comenzar con un episodio cero ante de los títulos de presentación. Una historia que nada tendrá que ver con el resto pero que se mantendrá a lo largo del metraje. Este indicio será fundamental para introducirnos en el quiebre narrativo de la linealidad temporal. Así vamos a pasar del episodio cero al dos para volver al uno y así mezclar todo como si fuera un rompecabezas. Pero a pesar de esto el film no se vuelve confuso, sino contrariamente, le otorga dinamismo y hace que el espectador se vuelve activo al hilvanar los diferentes hechos que conforman la trama.
Otro indicio que se nos ofrece desde la introducción es el carácter kitsch de la historia. Los títulos de presentación remiten al cine de aventuras de los años 70, con letras deformes y colores estridentes. Colores que se van a mantener en la ambientación y el vestuario de los personajes. Creando así un mundo irreal que solo puede llegar habitar en el más fantástico de los sueños. Otro elemento reflejo de lo kitsch es la piedra mágica en cuestión, la misma se asemeja más a un caramelo gigante multicolor que a un elemento con poderes mágicos.
El casting actoral es otro de los hallazgos de La piedra mágica, un grupo de niños que hicieron de la actuación el más natural de los juegos. Lejos del estereotipo y la sobreactuación se manejan ante la cámara como si ésta los estuviera observando mientras juegan en sus ratos libres.
Una vez más el cine demuestra cómo un gran director puede transformar una historia superficial y banal en una gran película, capaz de divertir a los más pequeños y de invitar a los mayores a sorprenderse con una magistral clase de cine. Ah, y sobre todo pasarla bien.
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