Rolando Gallego
12/01/2021 20:06

Hace 20 años iniciaba una franquicia que encontraba en la eterna disputa entre felinos y canes, llevada hasta el hartazgo a la pantalla pequeña y grande, y a la literatura, la posibilidad de generar un negocio multimillonario valiéndose del registro vocal de figuras como Tobey Maguire, Elizabeth Perkins, Alec Baldwin y Jeff Goldblum.

Como perros y gatos 3: ¡patas unidas!

(2020)

Luego se sucedería otra entrega, con algunas ausencias e incorporaciones, pero manteniendo el nivel de figuras, y ahora se presenta Como perros y gatos 3: ¡patas unidas! (Cats and dogs paws unite, 2020), sin estrellas y lanzada, en algunos territorios, directamente al mercado hogareño.

En la propuesta, dirigida por Sean McNamara (Bratz). conoceremos a dos jóvenes, opuestos, niño y niña, bien a contratiempo de paradigmas y conquistas, que tienen un perro y un gato. Él juega al tenis, por lo que a su perro le puso Roger, por Federer, y ella, con vocación musical, tiene una gata, llamada Gwen, por Stefani. Chico rico, niña pobre, se conocerán en el ascensor del edificio que habitan, de manera casual y a partir de allí, gracias a que Roger y Gwen junto con sus compañeros animales hagan un trampa, serán inseparables.

Pero mientras el idilio de la tregua que se había logrado en las entregas anteriores se está por romper, la película dejará la parte “humana” para concentrarse en cómo PEDO, la entidad que brega por la paz entre perros y gatos, podrá frenar un quiebre en la ansiada tranquilidad a partir de ciertos hechos que imposibilitan la continuidad del pacto.

Y entre esos dos mundos, el humano, con vistas a un posible romance entre protagonistas, y el animal, con intentos de contener el posible estallido que pondría fin a un idilio de una década Como perros y gatos 3: ¡patas unidas! avanza con gags y un humor que no requiere un ejercicio mental para comprenderlo. Todo está expuesto, todo es dicho de una manera simple y ramplona, subestimando al espectador, de la edad que sea, y resintiendo una idea que ya estaba agotada aún antes de filmarse el proyecto.

Además, en tiempos en donde live actions como el de El Rey León, utilizó tecnología de última generación para “animar” y hacer hablar a sus protagonistas, aquí se notan demasiado los hilos y la mecanización de los personajes cuando necesitan requerirlos de manera completa en las escenas.

Así, y ante la ingenuidad de algunos espectadores, advertimos que cualquier episodio de Tom y Jerry, o cualquier serie animada que tenga como contrincantes y opuestos a este tipo de animales, tiene mucho más valor que una trillada historia en la que la corrección política juega en contra de los intentos de hacer humor con algunos de los puntos sobresaliente de la nueva comedia americana, y ni siquiera en lo soez de algunos punchlines se puede revertir la pesada herencia símil telefilm con la que fue diseñada.

3.0

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