Rolando Gallego
12/10/2020 19:21

Si hay algo que Adam Sandler sabe de la carta blanca que la gran N roja, es que puede imaginar lo que quiera, hacer las películas que desee, y en ellas, recuperar mitos e íconos de la cultura popular y jugar con géneros que hasta el momento no había visitado, como en El halloween de Hubie (Hubie Halloween, 2020) un cocoliche que no encuentra razón de existir pese a los esfuerzos de todos los intervinientes y que sólo por el mes de la celebración tradicional norteamericana debe haber impulsado su creación.

El halloween de Hubie

(2020)

Steven Brill, un viejo conocido de Sandler, dirige esta película que por momentos pierde su norte y comienza a dar manotazos para aferrarse al Sandler histriónico para evitar que los espectadores se vayan de la propuesta a otra película de la plataforma. Pero a esta altura de la carrera del actor, y con el paso del tiempo, se percibe en él cierto desgano, que no tiene que ver con el personaje, sino con su imposibilidad de conectarse, una vez más, con el espíritu de sus primeras películas, las que, en personajes sencillos y entrañables, generaban automáticamente empatía, más allá de trabajar con temas escatológicos, soeces y políticamente incorrectos.

Acá, es todo lo contrario, si bien lo soez es uno de los temas, Hubie es un hombre adulto, bullyineado, presentado como un adulto que posee algunos problemas mentales, que vive con su madre (June Squibb), a quien tampoco su cabeza la hace más lúcida que al protagonista, y que en el día a día debe lidiar con un sinfín de situaciones que lo exponen al límite de aquello que se pensaría que un hombre puede soportar.

La vida en Salem, y particularmente en la calle Elm, donde él habita, comenzará a sufrir algunos cambios al recibir a un nuevo vecino (Steve Buscemi), al escaparse un psicópata del manicomio (Rob Schneider), ser ignorado por la policía (Kevin James, Kenan Thompson), y, principalmente, no poder declarar su amor a aquella mujer que desde la secundaria lo ha deslumbrado (Julie Bowen).

A estos talentos de la comedia, se le suma un dream team de representantes de la nueva comedia americana, en roles secundarios, que intentan completar el marco de referencia para que Hubie desarrolle su aventura épica, como Maya Rudolph, Ben Stiller, Tim Meadows, Ray Liotta riéndose de sí mismo, y hasta el mismísimo Shaquille O’Neal, haciendo de un locutor que habla con voz de mujer en el programa radial preferido del protagonista.

Auto asignándose el rol de “monitor” de la celebración de El halloween de Hubie, quien inexplicablemente es la persona más asustadiza del mundo, deberá en plan Scooby Doo, resolver el misterio tras el vecino y los aullidos que de la mansión salen, el psicópata fugado, y, también, un plan de venganza que se gesta sobre algunos vecinos de Salem.

Y en ese avance de la narración con estos hilos, no hay otra cosa que constantes alusiones a los “problemas” de Hubie, su incapacidad para comportarse como el adulto que es, dejándolo deambular como una especie de Don Fulgencio, ese hombre que no tuvo infancia, equiparándose a los niños que el día de Halloween, disfrazados, van a solicitar dulces a las viviendas vecinas. Pero a diferencia de Don Fulgencio, que disfrutaba cada una de las cosas que hacía, acá a Sandler se lo ve agotado, haciendo una mueca como índice y no mucho más.

Algunos gags aislados (muchos se reiteran, como la sábana con accidentes), un tono de desgaste general que se imprime en toda la propuesta y la poca risa que genera esta historia, una vez más ponen a Adam Sandler en un lugar incómodo dentro del hall of fame de la comedia, espacio del que en los últimos años se ha ido desplazando con películas de propuesta televisiva, innecesarias y olvidables.

2.0

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