Rolando Gallego
14/09/2020 11:10

Imaginar una película sobre una escritora no es tarea fácil. Evitar caer en lugares comunes, tampoco. Obviar raccontos, menos. Pero claramente cuando los recursos que se tienen son limitados el ingenio se agudiza para construir relatos apasionantes como el que presenta Liliana Bodoc, la madre de los confines (2018), de Diego Ezequiel Avalos, cuyo gran capital es contar con el testimonio de la escritora, fallecida en 2018, en un momento particular de su vida.

Liliana Bodoc, la madre de los confines

(2018)

La principal virtud de esta propuesta, que posee imperfecciones, y, decisiones tal vez desacertadas, como la de utilizar la cámara en mano símil noticiero televisivo por momentos, o, mostrar el artificio cinematográfico, en otros, es poder escuchar y ver a Bodoc en acción, ícono de la literatura fantástica local, comparada con J. R. R. Tolkien por muchos, que supo romper con paradigmas y mandatos para cumplir con lo que creía que era su vocación.

En el registro del regreso a su Mendoza natal, un lugar que guardaba secretos y dolores para ella, pero que deseó afrontar junto a su hija delante de cámara, se nos permite conocer de manera potente ese sujeto tácito que la acompaño por siempre, convirtiéndola en una mujer que supo encarar el futuro olvidando un pasado que la marcó a fuego.

En la voz de Bodoc la historia argentina de al menos los últimos cuarenta años se hace vívida, en el nervio de sus palabras, en el enfásis de los recuerdos, hay una construcción potente sobre un país que siempre prefiere olvidar para avanzar, castigando a débiles y arrasando en el camino con todos aquellos que no pueden afrontar el inevitable destino que se le tenía previsto.

Pero esta mujer, que asumió el apellido de su marido, que esperó, lo que creyó que tenía que esperar, para estudiar, para escribir, que pasó hambre, que escondió alimentos en su saco, que se convirtió a la religión musulmana, que peleó para seguir adelante sin mirar atrás, sin recordar la dolorosa muerte sorpresiva de su madre, los miedos a la hora del golpe de 1976, y el abandono de un padre que no supo bien qué hacer con sus hijos, convirtió esos obstáculos en historia, en narración, para ella, para los suyos.

Liliana Bodoc, la madre de los confines se encuentra con su protagonista como mujer, madre, hermana, hija, compañera, amiga, evitando, sólo al comienzo, detenerse en su obra y en su figura de escritora. Se omiten muchas explicaciones y contextualizaciones, pero no importa, porque esas lagunas y ausencias se completan con la verborragia explosiva de la protagonista, en el abrazarse a vínculos con los que no tenía contacto hace décadas, y en la vertiginosa captura de Diego Ezequiel Avalos, permitiendo conocer a una mujer desde la empatía y sorpresa instantánea.

Al igual que su madre, Liliana Bodoc fue sorpresivamente robada de la vida, por lo que este registro permite revivirla, acompañarla, sentirla, más viva que nunca, sabiendo de sus dolores, de sus pérdidas, pero, principalmente, de la necesidad de estar, por un momento, junto a aquel que le negó todo, ese que se ufana de brindarle el título para uno de sus libros, sin saber, quizás, que ella es quien dejó que pudiera ser parte de esa obra, un corpus que continua vigente en las bibliotecas y anaqueles de negocios, pero que, principalmente, recobran más fuerza gracias a terminar de comprender, con este documental, la vida de una mujer que siguió su camino, sin saber, por momentos, cuál era el mejor de todos y que en la entrañable secuencia musicalizada con Palabras para Julia, el espectador termina por cerrar una historia que trasciende ya, la pantalla y la singularidad de Bodoc.

8.0

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