Rolando Gallego
18/02/2020 14:20

Andrés Wood bucea en Araña (2019) el germen y la configuración de la clase alta chilena a partir del ocultamiento del pasado y la complicidad con los intereses dominantes, con la historia de un trío de personajes, parte vital del grupo paramilitar de derecha Patria y Libertad, que socavó al gobierno de Salvador Allende a fuerza de violencia y sangre, se celan, se odian, se destruyen y se aman a lo largo de toda su vida.

Araña

(2019)

En el presente Inés (Mercedes Morán), es una mujer que posee una vida estable y placentera, plagada de lujos y confort, que le permite ejercer poder. De joven Inés (María Valverde) arengaba violentamente en las calles de Chile exigiendo orden junto con su marido, pero también jugaba a la niña bien y a los concursos de moda, hasta que llega un joven del que se enamora. De un día para el otro un secreto oculto asociado a ese amor adolescente le estalla en la cara desestabilizando la imágen de familia ideal que construyó. Pero Inés no quiere que la revelación del pasado la confine a otra vida, quiere seguir jugando a la señora bien.

Wood cuenta esta apasionante historia, que permite, como hicieron recientemente las argentinas Rojo (2018) y Ni héroe ni traidor (2020) repensar el pasado a partir de la complicidad activa de ciudadanos en los procesos dictatoriales, y en cómo persisten, aún hoy día, agazapados, para aprovechar las oportunidades que los devuelvan al centro de la escena. El director decide contar desde el presente con constantes flashbacks al pasado y entre ambos tiempos narrativos hacer que el espectador imagine qué paso durante el paréntesis del relato, configurando con la información que ofrece, detallada y precisa, el hoy de Inés y sus compañeros. Araña duele, evidencia esa dictadura celebrada y muestra el porvenir de la clase más acomodada, la que miraba para otro lado.

Las actuaciones de María Valverde y Mercedes Morán hacen que su personaje se pare ante los hombres de una manera única, reivindicando su condición “femenina” cuando saben que el sexo ayuda, y transformándose en hombres si la acción lo requiere. Morán una vez más, se destaca hablando en “chileno” de manera precisa, algo que para el público argentino no es frecuente, pero sí para otras culturas.

Wood sostiene un ritmo que nunca decae y que en la empatía/rechazo constante hacia los personajes reafirma el sentido de la propuesta: una película para indagar y horadar de manera eficiente el pasado, presentando hechos que nunca dejarán de doler en la región.

9.0

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