Bruno Glas
03/12/2019 14:23

El público sabe, de forma más o menos consciente, que el cine es hoy capaz de volver posible cualquier imagen. No sólo a nivel espacial (la creación de universos y de seres fantásticos) sino temporal. En este sentido, el estreno reciente de El Irlandés (The Irishman, 2019) llama la atención (entre muchos otros motivos) por el “rejuvenecimiento” de los personajes. Esto es lo que sucede también en Proyecto Géminis (Gemini Man, 2019).

Proyecto Géminis

(2019)

Un asesino a sueldo, considerado el mejor en lo suyo, decide retirarse. No son sólo los años, puesto que las muertes han hecho mella en él. Como suele pasar en estos casos, la agencia para la que trabaja buscará darle caza... Con la particularidad de que el encargado de hacerlo es un clon de sí mismo.

La película no ofrece nada demasiado sorprendente, ya que el esquema de personajes obedece a arquetipos reconocibles (el asesino profesional ya mencionado, el jefe de la agencia como un villano despiadado, el amigo del protagonista y la chica que operan como comic relief), y las escenas de acción las podemos encontrar en muchas otras películas del género. Por otro lado, hay breves momentos de humor (el brillante gag con el clon tomándose un helado mientras presencia un conflicto armado entre soldados y civiles), que compensan la molesta solemnidad y el psicologismo que hunden a la trama.

En medio de todo esto hay algo (o alguien, mejor dicho) no menor: Will Smith. La elección de la estrella de Día de la independencia (Independence Day, 1996) es sumamente acertada. Si hay un actor a quien el paso del tiempo parece no haber afectado es él. Por eso resulta tan creíble verlo en una versión joven de sí mismo. Así lo atestigua la secuencia en que, en medio de un tiroteo en las calles de Colombia, el protagonista llega a ver por primera vez la cara de su agresor. A pesar de que su look es diferente, reconocemos que se trata de la misma persona (y del mismo actor), cosa que el personaje todavía ignora. La facilidad de Smith para hacer de su doble se evidenciará en un diálogo simpático en otro momento: “No puedo creer que en 30 años me voy a ver como vos”.

6.0

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