Benjamín Harguindey
16/11/2019 23:53

South Mountain (2019) es la historia de la separación de Lila (Talia Balsam) y Edgar (Scott Cohen), un matrimonio anidado en las Montañas de Catskill, donde viven junto a sus dos hijas rodeados de una amena naturaleza. Ella enseña pero técnicamente es artista, él es guionista pero no escribe. Uno de sus secretos es que su productora quebró hace rato. El otro es que ha estado viviendo una doble vida junto a otra mujer, que acaba de dar a luz a su hijo.

South Mountain

(2019)

Adoptando el punto de vista de Lila, la película oscila entre ser el estudio existencial de un personaje y el melodrama de una familia extendida que está a punto de extenderse de nuevo. Las mentiras de su esposo se descubren y comienza el lento, arduo, tortuoso ritual: irse de la casa, hacer el anuncio, mudar las cosas, repartir lo que sobra, etc. Es el mismo modus operandi de Scattered Night (2019), otro film sobre divorcio en la Competencia Internacional del 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, aquí aliviado por momentos de afección y complicidad cómica.

La casa está constantemente repleta de amigos y familiares, todos tan unidos que la película no tiene ninguna urgencia por distinguirlos o establecer parentescos. Todo exuda una confortable domesticidad, aún cuando la desunión amenaza. Escrita y dirigida por Hilary Brougher, la película ha sido hecha en casa de su madre, filmada por su esposo y estelarizada por sus hijos y amigos.

Lila es quizás un personaje demasiado pasivo, soportando las desconsideraciones egoístas de su esposo y sus dos hijas con estoica resignación. En sus mejores momentos la película provee una plataforma para Talia Balsam, una gran actriz que da una sentida interpretación e imbuye la trama con algo de complejidad emocional. En sus momentos más débiles la historia deviene en telenovela, con escenas predecibles y caprichosas. En particular, algunas subtramas se introducen y resuelven de manera tan casual que no terminan de germinar más allá del detalle de color.

Aún con sus desaciertos y cavilaciones, South Mountain arriba a algún tipo de verdad emocional, trascendiendo como un evocativo fragmento de vida.

7.0

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