Rolando Gallego
11/11/2019 17:23

Deben existir muchas maneras de partir de este mundo. Algunas más dolorosas, otras inesperadas. Los que quedamos no sabemos qué pasa con ese proceso hacia otro lugar, o, directamente hacia dejar de existir, y en él mientras tanto algunos proponen respuestas desde el arte. 

Babenco - Alguém tem que ouvir o coração e dizer: Parou

(2019)

En la búsqueda de más detalles sobre este punto, la actriz y ahora realizadora Bárbara Paz, construye en Babenco - Alguém tem que ouvir o coração e dizer: Parou (2019), un entrañable y doloroso viaje hacia la vida y obra del realizador argentino/brasileño Héctor Babenco a partir del registro documental de sus últimos días, y desde allí arma una metáfora sobre lo efímero de la vida y aquello que cada uno puede y decide hacer con su existencia.

Paz escapa al lugar común y al bronce. Prefiere que el propio Babenco se defina a partir de declaraciones, entrevistas, imágenes mediatizadas que devuelven una mirada única sobre su posición ante el cine, la industria, y, principalmente, su desarrollo político como artista y ser humano.

En algunos momentos la directora elige volar con tomas estilizadas que funcionan también como separadores, goteos de suero, agua, que agregan, además, con la elección del blanco y negro, un estilo artie, que unifica la calidad de las imágenes y las resignifica.

Babenco está recibiendo quimioterapia, inmóvil en una cama, habla, no para de sorprender con su verborragia, pero su cuerpo no se mueve, ahí Paz, de manera notable, selecciona retazos de la obra del artista en la que sus personajes corren y el dinamismo vuelve a la película.

En otro momento, de manera muy inteligente, evita que Babenco se defina como realizador ante cámara, prefiere que Arturo Mally, personaje autobiográfico de Corazón Iluminado (1998), diga aquello que todos sabemos que el propio Babenco podría decir sobre el oficio que eligió como vehículo expresivo.

Y así, entre fragmentos de películas, viejas imágenes de televisión, y el registro directo, Paz reconstruye la obra de un cineasta que se adelantó a su tiempo, impregnó de política sus propuestas y nunca traicionó sus ideales.

Cuando la directora ubica la cámara en su intimidad, escapando a la clásica estructura de cabeza parlante, en la vida compartida que tuvieron y registra al director dialogando sobre cine, sobre ellos, sobre la familia que fueron y sobre su próxima partida, la película crece, porque lo muestra vital, recorriendo espacios, dándole indicaciones acerca de aquello que él cree que es el mejor plano o encuadre para la película y más.

Entre anécdotas y una cuidada selección de material de archivo, del que podremos ver imágenes de Pixote, El amor es un eterno vagabundo y El beso de la mujer araña (1985), entre otras, Paz deja un legado cinematográfico sobre un realizador que supo escaparse de lugares comunes y construir una carrera con autoría y libertad, manteniéndose activo y fiel a sus convicciones hasta el último de sus días.

8.0

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