Rolando Gallego
11/09/2019 21:30

El otrora disruptivo y poco complaciente realizador Danny Boyle se embarca con Yesterday (2019) en una aburrida película que se desinfla a los pocos minutos de relatada la anécdota/plot principal y que ni en la evocación de la música de los cuatro de Liverpool puede remontar su trillada trama.

Yesterday

(2019)

¿Qué sucedería si un día nos levantamos y nadie, nadie, sabe ni supo nada de The Beatles? ¿Nos animaríamos a jugar con ese vacío que hay en las radios, televisión y, principalmente, industria de la música? Con ese disparador Richard Curtis (Un lugar llamado Notting Hill, Realmente Amor) arma el guion de cómo un loser de la música se permite triunfar a escalas inimaginadas para su triste existencia.

Jack Malik (Himesh Patel) es un joven cantautor que se reparte sus días entre sueños aspiracionales y trabajo en un supermercado en donde recibe el peor de los tratos por parte de su empleador. Atravesado por la angustia de aquel que no puede realizarse, pero que a fuerza de tesón y empeño cree que en algún momento todo cambiará, su vida dará un giro radical de un momento a otro cuando un extraño suceso sobrenatural termine por eliminar de la faz de la tierra la música de los Beatles.

Nadie recuerda más sus melodías, aquellas entrañables y virtuosas canciones, y mucho menos, a sus miembros. Jack ve una oportunidad que no quiere perderse y reversiona cada una de las célebres canciones que acompañaron a la humanidad, saltando al éxito de un momento al otro al punto de perderse en el intrincado, competitivo y desafiante mundo de la música profesional. A la narración clásica, en donde el camino del héroe -o antihéroe- termina por ser la excusa para hablar del amor (una amiga incondicional interpretada por Lily James), amistad, fama, sueños, perdiendo su ironía y mirada lúcida sobre el negocio de la música rápidamente.

Del director de Trainspotting (1996) siempre esperamos más, su cine alocado y vívido de los primeros tiempos ha caído en desgracia, razón por la cual a Yesterday se le agota la broma de la música y el plagiador rápidamente, desarrollando una tradicional trama de chico ama a chica y viceversa en el marco de una propuesta que pierde rendimiento.

A la ausencia de una crítica consciente sobre la industria, y el preferir traicionar su espíritu lúdico, la película termina convirtiéndose en una romcom básica y fuera de tiempo, en dónde se continua afirmando que hay que esperar algo sobrenatural para triunfar y, si así y todo llega, siempre va a ser mejor estar abrazado a la mujer/hombre que se ama.

5.0

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