Juan Pablo Russo
07/03/2019 01:20

Los cambios tecnológicos hacen que cierto tipo de cine envejezca en poco tiempo, sobre todo aquel donde celulares y computadoras adquieren un rol preponderante. Ese termina siendo el peor de todos los problemas a los que se enfrenta Callcenter (2014), una fallida comedia dirigida por los debutantes Federico Velasco y Sergio Estilarte.

Callcenter

(2014)

La historia se ambienta como su título lo indica en un callcenter durante una noche de verano y se desarrolla en tiempo real. Cinco empleados y su coordinadora se ven afectados cuando un problema técnico hace que el "sistema" se caiga. A partir de esa situación tendrán que interrelacionarse entre sí mientras aguardan una solución. Los que en un principio funcionaban como máquinas humanas que actuaban por inercia ante un estímulo telefónico deben entablar un diálogo con aquellos compañeros a los que ven a diario pero que en el fondo desconocen.

En los títulos finales de Callcenter figura que es una película de 2014, pero seguramente su filmación es anterior a ese año. Los celulares utilizados y las computadoras que integran el decorado del casi único espacio donde se desarrolla la trama denotan otra temporalidad. Y ese termina siendo uno de los mayores problemas a los que se enfrenta una película que sucede en un mundo que gira sobre lo tecnológico. Pero no es el único. Desde el vamos un aire añejo sobrevuela una historia filmada como si se tratara del capítulo de una telenovela del viejo canal 9 en los años 80.

Si el arte, el vestuario, la puesta de cámaras y los encuadres dan la sensación de otro tiempo también lo es la trama por la que transita. Una seguidilla de chistes, gags y planteos que tal vez hace diez años resultaban graciosos pero que hoy terminan causando más pena que risa. Si la idea era hacer una comedia inteligente el cambio de época hizo que el resultado fuera el contrario. Lo único destacable dentro de todas las decisiones incorrectas tomadas por el binomio de directores son las actuaciones alejadas de todo lugar común y la empatía que logran los personajes con el espectador. El resto totalmente olvidable.

4.0

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