Adrián Monserrat
30/01/2019 18:56

Un dúo de amigos encuentra cuatro millones de euros y nada volverá a ser lo mismo en esta película con sangre rioplatense.

Los últimos románticos

(2019)

En Un plan simple (A simple plan, 1998), aquella excelente película dirigida por Sam Raimi, dos hermanos y un amigo encuentran millones de dólares en una avioneta estrellada. Su plan, tal como el título del film hace alusión, es sencillo: quedarse con el dinero resguardado por aquel de posición más estable. Pero, dónde existe dinero impropio en abundancia siempre hay problemas. Los últimos románticos (2019), película coproducida entre Uruguay y Argentina, nos enmarca en un contexto similar en donde el dinero funciona como el claro disparador de paranoia, miseria, egoísmo, miedo y traiciones.

El lema "pueblo chico infierno grande" queda asentado desde los primeros minutos del film con la descripción del panorama. Juan Minujín (Vaquero) interpreta a Perro, un ser bonachón, con la actitud de un holgazán y de mente inmadura (casado, con hijos, pero sin responsabilidad por ellos). Todo marchaba de manera normal en la vida de Perro, oficiando de jardinero y pasando el tiempo con su amigo Gordo, en la piel de Néstor Guzzini (Mr. Kaplan). Hasta que un día Perro encuentra cuatro millones de euros en el baño de una pareja de ancianos fallecida. Sin titubear, él se hace con el dinero y pide el refugio en lo de Gordo. Parecía un sueño hecho realidad hasta que alguien viene a reclamar y todo se torna una pesadilla.

Su director, Gabriel Drak (La culpa del cordero), brinda una historia que, en los primeros treinta minutos, se encarga de manera minuciosa de describir el escenario. Esto es un logro ya que el desencadenante de la aparición de los euros gira el guion hacia rumbos desconocidos y posibilita la aparición de nuevos personajes y el redescubrimiento de los protagonistas. En el último acto del largometraje el verticalismo le gana al entendimiento y esto es un error. Las acciones se precipitan de manera tan veloz, siendo tantas a la vez, que no hay tiempo para procesarlas. En los minutos finales todo transcurre tan rápido que un nuevo giro te sorprende quedando esa reflexión un tanto interrumpida lamentándonos por la resolución.

Los últimos románticos es una película de aventuras donde los valores se ponen sobre el tapete y el olor de una riqueza indebida infecta hasta al más insospechado. En tiempos de individualismo, el arte es una forma ideal para generar obras que intenten llegar a la conciencia colectiva, aunque tal vez su desenlace nos deje gusto a desesperanza.

5.0

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